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La unidad de los cristianos exige también gestos y testimonios audaces – editorial ECCLESIA

Editorial Revista Ecclesia
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La unidad de los cristianos exige también gestos y testimonios audaces – editorial ECCLESIA

La página 38 del número de ecclesia  de la pasada semana recogió ya la información vaticana de última hora, que comunicaba que el Papa participará el 31 de octubre próximo en una conmemoración del quinientos aniversario de la reforma luterana. Dicha conmemoración será en la ciudad sueca de Lund y Francisco será acompañado, en la presidencia del correspondiente acto, por el presidente y por el secretario general de la Federación Luterana Mundial.

         Esta es la esencia de la noticia, noticia de indudable calado y trascendencia. ¿Cuáles son las claves para su, a nuestro juicio, correcta interpretación y valoración? En primer lugar, es preciso subrayar, una vez más, que la unidad de los cristianos es una cuestión apremiante y prioritaria, que requiere conversión del corazón, oración, diálogo, humildad, encuentro y también gestos y testimonios. El camino de la unidad solo se hace caminando y en el camino —como repite Francisco con intuición y acierto— comienza ya la unidad. Por ello, solo cabe recibir y saludar esta decisión del Papa con alegría, satisfacción y esperanza. Francisco sigue, de este modo, adentrándose por la misma senda de signos y de gestos ecuménicos que nuestra Iglesia y la entera cristiandad llevan realizando desde el Concilio Vaticano II. Y la audacia de estos gestos no se contrapone con la prudencia cuando, a protocolos, proporcionalidades, cuotas de representatividad y demás parámetros mundanos, lo que se antepone es el servicio, la contribución a la unidad desde la verdad y desde el amor.

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         La conmemoración de Lund tendrá lugar el 31 de octubre de 2016, esto es, todavía en el Año Jubilar de la Misericordia. Y estamos convencidos de que ha sido Francisco quien ha elegido la fecha —concretamente el año— para visibilizar que igualmente en materia ecuménica hay que predicar, sí, pero también dar trigo… Y todo lo que conduzca, en este caso, a la reconciliación y la unidad es obra, ejercicio, manifestación y fruto de la misericordia.

         Consideramos asimismo importante ahondar más en la fecha elegida —31 de octubre de 2016— por otro motivo, a nuestro parecer, muy significativo. Fue el 31 de octubre, sí, pero no de 1516, sino de 1517 cuando el teólogo y fraile agustino alemán Martín Lutero clavó las 95 tesis de su protesta —de ahí, el nombre de “Protestantismo” y el germen, el sustrato de la reforma luterana— en las puertas de la iglesia palatina de Wittenberg. Esto es, Francisco participará en una conmemoración de la Reforma un año antes del quinientos aniversario de la misma. Y, además, repitamos, en el Año de la Misericordia.

         Esta conmemoración resaltará asimismo, como ha destacado la Santa Sede, «los sólidos progresos ecuménicos entre católicos y luteranos y los dones recíprocos surgidos del diálogo. Del evento formará parte una celebración común basada en la guía litúrgica católico-luterana “Common Prayer” (“Oración común”), publicada recientemente». Y se insertará en el camino de los acuerdos logrados, en materia teológica, entre la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial como la «Declaración conjunta sobre la  doctrina de la Justificación» de 1999 y el documento de estudio, de 2013, «Del conflicto a la comunión». Y es que precisamente este documento es el primer intento, por ambas partes, de describir juntos la historia de la Reforma y de sus intenciones. «Del conflicto a la comunión» presenta, además,  los temas de  acción de gracias, arrepentimiento y compromiso de testimonio común, con el fin de expresar los dones de la Reforma y pedir perdón por las divisiones que siguieron a las disputas teológicas.

         En este sentido, bueno será recordar que el decreto del Concilio Vaticano II –uno de sus textos más emblemáticos- sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio afirma expresamente que «el pecado» de la separación se produjo «no sin responsabilidad de ambas partes» y que, por ello, el camino hacia la unidad solo se puede recorrer pidiendo humildemente «perdón a Dios y a los hermanos separados, como nosotros perdonamos a quienes nos hayan ofendido». Porque «a las faltas contra la unidad pueden aplicarse las palabras de san Juan: «Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso, y su palabra no está en nosotros»».

         Bienvenido, sea, pues el gesto del Papa Francisco. Y no tengamos ni miedos ni prisas. Y, en tiempos recios de increencias, aprovechemos el testimonio común de la fe en Cristo crucificado y resucitado que en Lund se producirá.

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