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La Francisco de Vitoria contra la Ley de la Eutanasia: «La vida de toda persona tiene un valor intrínseco e inconmensurable»

A primera hora de la tarde del día de hoy ha tenido lugar en la Universidad Francisco de Vitoria la exposición del manifiesto «Cuidar siempre es posible, una mirada desde la antropología y la deontología médica en favor de toda vida humana».

Este acto tiene lugar en el contexto de la recién aprobada Ley de la Eutanasia, que con un apoyo mayoritario en el Congreso de los Diputados —198 votos a favor y 142 en contra—, comienza su andadura sembrando dudas y discrepancias en multitud de ámbitos, tal y como expresó en Radio Nacional de España el presidente del Comité de Bioética, Federico de Montalvo. 

La primera intervención en la UFV en la presentación de este manifiesto ha correspondido a la doctora Elena Postigo, directora del Instituto de Bioética de la Francisco de Vitoria. Después de mencionar sucintamente algunas de las conclusiones del seminario de estudio sobre la Ley de Eutanasia, que tuvo lugar en el mismo centro universitario el pasado 11 de febrero, Postigo ha querido subrayar que esta mirada antropológica que arrojan, además de ser crítica, es propositiva, focalizándose en primera estancia en la dignidad humana.

«Que seamos contrarios a la Ley de Eutanasia no significa que no entendamos, comprendamos y acojamos el dolor de las personas que sufren. Queremos acompañarlas y cuidarlas»

«La vida de toda persona, independientemente de la situación de dolor o sufrimiento que esté atravesando, tiene un valor intrínseco e inconmensurable. Tiene una dignidad absoluta que  todos poseemos por igual y que nadie puede arrebatarnos. Es invariable, independientemente de las circunstancias, desde el principio hasta el final de su existencia». Acto seguido, Postigo ha querido reflexionar sobre la reducción de la dignidad de la persona a la calidad de vida en los debates sobre la Eutanasia. A su juicio, esta reducción significa, desde una perspectiva incluso conceptual, una confusión de planos que no podemos esquivar ya que la calidad de vida es algo cambiante y sometido a una mengua paulatina mientras que la dignidad de una vida, desde una perspectiva ontológica, no debería estar sometida a este replanteamiento sobre su valor per se.

«La muerte digna no es necesariamente la Eutanasia», ha dicho a continuación, negando una de las premisas esgrimidas desde el ámbito político para defender sus postulados ideológicos sobre lo que es o deja de ser la vida.

Otro de los conceptos esenciales en los que se ha querido detener la doctora Postigo ha sido en la vulnerabilidad y fragilidad humana, y sobre el significado para la propia existencia del cuidado de los recién nacidos, los enfermos, las personas discapacitadas o los ancianos.

Durante su intervención, Postigo ha querido recalcar el significado del sufrimiento que no solamente se agota en el aspecto físico sino que dispone de una dimensión psíquica y trascendental.

A modo de conclusión,  la directora del Instituto de Bioética de la UFV ha hablado sobre la importancia de recuperar el sentido de la existencia y de establecer una política de cuidados y acompañamientos que ponga verdaderamente el foco en ayudar al otro, poniendo a la persona en el centro y no «ayudar, eufemísticamente como contempla la actual Ley, a morir dignamente». Por último, Postigo ha cedido la palabra a María Lacalle recordando que «toda ética se apoya sobre la antropología y que la toma de decisiones en ética debe tener detrás una antropología» bien fundamentada.

«¿Quién decide que el sufrimiento es grave o insuperable?»

La vicerrectora de Profesorado y Ordenación Académica de la Universidad Francisco de Vitoria y Profesora Titular de Teoría del Derecho, María Lacalle, ha cogido el turno de palabra para abordar desde una perspectiva jurídica esta Ley de Eutanasia.

Ha comenzado preguntándose qué tipo de respuestas debe ofrecer la sociedad a las personas y familiares que están sufriendo.  «Lo que acabamos de ver —dice Lacalle— es que nuestros gobernantes han optado por ofrecer el derecho a la muerte».

Dentro de la Ley de Eutanasia, tal y como ha explicado la profesora de Derecho, se contemplan dos escenarios para la solicitud de una muerte asistida. Por un lado, que lo pida el sujeto libremente y que por otro lado la persona se encuentre en una situación de sufrimiento que se describe en el texto jurídico como «supuestos de padecimiento grave, crónico e imposibilitante o de enfermedad grave e incurable». Bajo el criterio de Lacalle y llevándolo a un extremo, esgrime que si el fundamento de esta ley está en la autodeterminación o la autonomía individual, «se podría pedir la muerte en cualquier momento». Considera que la actual ley no niega hasta tal punto el valor de la persona pero que sí está dando a entender, por su planteamiento, que «hay vidas que no merecen la pena ser vividas, que no son dignas».

Otro de los problemas que plantea la nueva ley es la libertad de los sujetos, el que haya recibido la información adecuada para poder discernir una decisión de este calado o el que no existan vías para poder averiguar que el paciente esté siendo condicionado por su entorno. Para Lacalle la verdadera tensión está en saber qué es lo que realmente necesita y quiere la persona. A su juicio, «la mayoría de pacientes lo que pide es ayuda para seguir viviendo, para no sufrir, para poder valerse por  ellos mismos».

«Tener derecho a algo significa que yo tengo la potestad de pedir, en este caso a los médicos, que me suministren la muerte», ha dicho Lacalle. «Bajo la bandera de la libertad y la conquista social, lo que parece es que una vez más un daño hacia la propia libertad».

«La profesión médica es la única en cuyo código deontológico está la negativa de llevar a cabo de forma intencionada la muerte de un paciente»

El médico y profesor Ricardo Abengózar ha tomado el turno de palabra partiendo de esta base para inmediatamente después preguntarse por qué hay que «sanitarizar» la muerte, como si con ello consiguiéramos desposeerla de la vinculación moral que tiene. «Matar a alguien es objetivamente malo y la sociedad da por sentado que médicos y enfermeros tenemos que ser la mano ejecutora».

Abengózar ha querido romper una lanza en favor de «la belleza de los cuidados al final de la vida». «La ayuda para que el paciente pueda vivir de forma intensa ese periodo es apasionante. Los médicos que firman cada día certificados de defunción no son personas tristes».

Después el doctor ha evaluado la realidad en todo lo referente a los servicios de cuidados paliativos en España. Si bien la recomendación de la Sociedad Europea de Cuidados Paliativos recomienda dos unidades destinadas a este tipo de cuidados cada 100.000 habitantes, España está en 0,6. Esto significa que se está legislando la muerte sin poner los medios mínimos para facilitar y acompañar la vida.

«Lo que significa verdaderamente el respeto al derecho de autonomía no significa necesariamente satisfacer los deseos del paciente sino colaborar en que sea un agente autónomo mientras se enfrenta su sufrimiento». «Esta ley no respeta ningún principio de la bioética». «La Eutanasia es un mal que no nos corresponde a los médicos pero la sociedad nos lo va a exigir». «La Asociación Médica Mundial y la Organización Médica Colegial se han manifestado en contra de que la Eutanasia sea un acto médico», ha concluido Abengózar, que ha echado de menos durante su intervención el olvido deliberado de los principios hipocráticos.



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