Carta del Obispo Iglesia en España

La Trinidad, fuente de Misericordia, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara

atilano

La Trinidad, fuente de Misericordia, por el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez

El Dios cristiano se presenta en la Sagrada Escritura como eterno intercambio de amor, de vida y de unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Este amor eterno se ha manifestado en la historia de la humanidad como amor misericordioso, como amor que perdona los pecados de los hombres, acoge a quien lo busca con sincero corazón y sostiene al que experimenta debilidad o cansancio en el camino de la vida.

Los cristianos podemos vivir y experimentar este amor misericordioso de Dios en cada instante de la vida, porque Él mismo quiere derramarlo en nuestros corazones por medio de la acción constante del Espíritu Santo. “Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuantos sean los que a ella se acerquen” (MV 25).

Teniendo en cuenta esta manifestación de Dios en la historia sagrada y asumiendo la invitación del papa Francisco a celebrar el Jubileo de la Misericordia, hemos de tener presente que esta palabra es la que mejor revela el misterio de la Santísima Trinidad y el acto último y supremo, mediante el cual Dios viene a nuestro encuentro (MV 2). La “misericordia” se convierte, de este modo, en la palabra clave para indicarnos, no sólo el actuar de Dios en la historia, sino su misma esencia.

El amor misericordioso, que siempre tiene su origen en Dios, quiere bañar el corazón de cada ser humano, así como sus relaciones laborales, familiares y sociales. Pero, para que esto sea posible, es preciso que cada uno deje nacer ese amor en su corazón y que no lo rechace buscando otros amores que nunca podrán saciar su sed de infinito.

La experiencia del pueblo de Israel, fabricando ídolos de bronce y de madera, incapaces de salvar y de mostrar misericordia, se repite en nuestros días. El hombre de hoy, relegando al Dios verdadero a un segundo plano en la vida, busca otros dioses, como pueden ser el poder, el dinero y el sexo, que nunca podrán salvarlo. Es más, olvidando los beneficios recibidos de Dios a lo largo de la existencia, algunos hermanos intentan autoproclamarse señores de la creación, con poder para decidir sobre la vida de los demás y sobre el rumbo del mundo.

Este tipo de comportamientos, que no responden a la verdad del ser humano y que pueden llevarnos a todos a vivir engañados en algún momento de la vida, nos recuerdan la necesidad que todos tenemos de pedir los dones del Espíritu Santo para que transformen nuestro corazón y las relaciones sociales. Sólo a la luz de Dios, podremos descubrir la grandeza de la filiación divina y estaremos en condiciones de colaborar con el Señor en la construcción de su Reino en el mundo.

Creados a imagen y semejanza de Dios, los seres humanos, sin la experiencia de su amor misericordioso, nos sentiremos siempre huérfanos y buscaremos con ansiedad la novedad de otros dioses, aunque éstos sean incapaces de ofrecernos paz, amor y salvación. Para superar esta desorientación, para no caer en la idolatría y para ser signo del actuar del Padre en el mundo, necesitamos fijar la mirada en su misericordia. “Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del actuar del Padre” (MV 3).

Con mi sincero afecto y bendición, feliz día del Señor.

+ Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email