La Transfiguración de Jesús
Carta del Obispo

La Transfiguración de Jesús

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II Domingo de CUARESMA. C. 2003

No eran tiempos fáciles tampoco al comienzo de la predicación evangélica, pero era fundamental que los testigos fueran fiables, esto explica que en la carta de San Pedro se diga con toda transparencia: yo estuve allí, lo he visto con mis propios ojos. Las palabras del apóstol están fundadas en su experiencia: “Cuando os dimos a conocer el poder… de nuestro Señor Jesucristo no nos fundábamos en invenciones fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza”. La Palabra de Dios que leemos “no son fábulas” ni invenciones fantásticas. “Hacéis muy bien en prestarle atención”. En el prefacio de la Misa de este domingo el Señor nos enseña la verdadera interpretación de los acontecimientos, tal como lo hizo con los de Emaús: Él mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos les reveló el esplendor de su gloria en la montaña santa, para dar testimonio, de acuerdo con la Ley y los Profetas, que la Pasión es el camino a la Resurrección. La intención es clara, anticipar las primicias de la gloria de Jesús antes de pasar por el escándalo de la cruz. Escuchemos con atención este evangelio, porque aumentara nuestra seguridad de ser también transfigurados.  

Nosotros no somos testigos “oculares”, estrictamente hablando,  como Pedro, que vio y oyó. Pero nuestra vivencia de fe nos hace experimentar que seguir a Jesús vale la pena. Seguir a Jesús, camino de Jerusalén, subiendo a veces a la montaña del Tabor envuelto de su gloria, como seguirlo bajando continuamente al valle de lagrimas, en medio de los sufrimientos, dolores, angustias y cruces de la gente, siendo constantes, aunque a veces parezca que no damos fruto…,“es como una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones”. Firmes en la fe.

 Benedicto XVI nos invita a “alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor”. Atrévete a romper tus inercias y olvidarte de los itinerarios que no te llevan a la Luz, si tienes señalada la senda, estrecha y angosta de la Vida, la puerta de la Salvación, ¿para qué dar mas vueltas? La puerta no es otra que Cristo, ¡ánimo, responde mirando su rostro! Cristo fue enviado por Dios al mundo para llevar a cabo la redención del hombre mediante el sacrificio de su propia vida. Este sacrificio debía tomar la forma de un ‘despojarse’ de sí en la obediencia hasta la muerte en la cruz: una muerte que, en opinión de sus contemporáneos, presentaba una dimensión especial de ignominia. ¡Fíjate cuanto amor ha puesto Jesús en esta aventura, que no le ha importado pasar por el Varón de Dolores, que anunciaba Isaías!. Nuestra primera tarea de evangelización, tanto para sacerdotes como para laicos, es testificar que la salvación está en Jesucristo, que es El quien da la Vida.

 

Señor transforma nuestro mísero cuerpo en un cuerpo glorioso como el tuyo. Amén.

 

Mons. Lorca Planes

 

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