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“La solidaridad sigue”, crónica del obispo de Guantánamo-Baracoa (Cuba) tras el paso del huracán Matthew

“La solidaridad sigue”, crónica del obispo de Guantánamo-Baracoa (Cuba) tras el paso del huracán Matthew

– Crónica de Monseñor Wilfredo Pino, obispo de la diócesis de Guantánamo-Baracoa

– Primer domingo después del Huracán

¡Qué grande es Dios y qué linda es su Iglesia! Éste es el regalo que nuestro Padre Dios me ha hecho en este primer domingo después del paso del huracán: convencerme más de esas dos verdades. He escuchado ayer a la gente que sufre repetir una y otra vez: “¡Dios nos ayudó y por eso estamos vivos!”.

Al oír esto que dicen junto a su casa en el suelo, ¡cómo no se nos va a estrujar el corazón y convencernos aún más de la enorme fe de la gente sencilla! El salmo de la misa de hoy lunes (112) traía un versículo que me hizo pensar en lo vivido ayer: “Dios levanta del polvo al desvalido”.

¡Qué lindas las tres misas que pude presidir! Dos de ellas sobre los escombros de sus templos. Cómo sufrían los fieles cuando yo les decía: “aquí se cayó el templo… Pero cómo brincaban de alegría cuando, a continuación, añadía: ¡pero la Iglesia está viva!

Celebrar una de esas misas sobre las ruinas de la iglesia de Cabacú (Baracoa) junto a la carretera principal fue emocionante. Mientras celebrábamos, pasaban por la carretera caravanas de rastras, guaguas y camiones con personas movilizadas, tejas, equipos, etc. Y todos miraban con profundo respeto, mientras nuestras guitarras tocaban y cantaban: “Una luz en la oscuridad, un arroyo de agua viva, un cantar a la esperanza quiere ser tu Iglesia”. Había pedido que los cantos no fueran “tristes” y qué maravilla escogieron como canto de entrada.

Aunque las lecturas de este domingo eran preciosas sobre la gratitud, me atreví a cambiarlas. No seré condenado por ello. Como primera lectura se leyó el comienzo del libro de Job, el hombre bueno y justo que soporta la prueba y sale victorioso. En la homilía les comentaba a los presentes algo que me contaron cuando yo era joven sacerdote en Santa Cruz del Sur. Mencionar solo el nombre hizo que algunos de los presentes abrieran sus ojos.

Se acordaban de lo sucedido allí cuando murieron más de tres mil personas. Una feligresa santacruceña, columna histórica de esa comunidad, me comentaba que “después de lo sucedido allí, muchas personas dejaron de ir a la iglesia”. Ciertamente, no tuve que explicar el error que cometieron. Rodolfo, de la Punta de Maisí, saltó enseguida para decir que les faltó la fe. Yo les expliqué cómo el sufrimiento puede ser una trampa que nos aleje de Dios porque le echamos la culpa a él de lo sucedido, o cómo el sufrimiento puede ser también un trampolín que nos eleve más hacia Dios. Los exhorté a buscar el trampolín y no caer en la trampa…

El Salmo escogido fue, por supuesto, el 22: “El Señor es mi pastor, nada me falta”. Me di cuenta que no sólo lo repetían en alta voz, sino que movían afirmativamente sus cabezas al repetir el versículo.

Y como evangelio, cómo no brindar a nuestros fieles la palabra de Jesucristo: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré” (Mt. 11, 28).

Busqué en el Misal unas oraciones apropiadas para la circunstancia. Las encontré en el capítulo “Misas por diversas necesidades”. Ésta fue la oración colecta: “Padre omnipotente y misericordioso, alivia nuestra angustiosa situación y abre nuestro corazón a la esperanza, para que confiemos siempre y sin vacilaciones en tu paternal providencia”. Y la postcomunión: “Reanímanos, Señor, y fortalécenos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo para que podamos hacer frente a las dificultades que nos esperan y sepamos reconfortar a nuestros hermanos”.

En esas Misas, al momento de pedir: “Levantemos el corazón” y ellos responder “Lo tenemos levantado hacia el Señor”, invité a todos a repetirlo tres veces seguidas, para que la respuesta saliera, no solo de nuestros labios, sino sobre todo de lo hondo de nuestro ser.

En los avisos, como es lógico, los invité a buscar a los más necesitados, a recoger lágrimas, a alimentar los cuerpos de los más desvalidos. A no dejarse robar la esperanza. Y terminamos repitiendo algunos de aquellos consejos que les gustaba repetir a nuestros mayores cuando pasaban por momentos de dificultad: “Siempre que llueve, escampa”… “No hay mal que por bien no venga”… “Lo que sucede conviene”… “Si grande es mi cruz, más grande es mi fe”…

Al final de la Misa les recordaba que estábamos en el mes de octubre, mes del Rosario. Y que a la Virgen la invocamos como “consuelo de los afligidos”. Y los invitaba a rezarlo personal o en familia. Y que rezáramos los unos por los otros.

Lo llamativo es que, en esas misas estaba gente que lo ha perdido prácticamente todo. No solo sus techos, sino sus cosas materiales. Pero no han perdido el alma. Y eso los va a salvar. Y allí tenemos que seguir haciéndonos presentes. Al leer las noticias, ya el “potente” huracán Matthew se apagó y murió. Lo que no se va a apagar ni a morir es nuestro deseo de hacer lo que Dios hace, como dice el salmo de hoy: “levantar a la gente del polvo”. ¡Dios y mucha gente nos ayudarán!

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• Pude visitar comunidades a donde no había podido llegar antes. Todavía faltan algunas más por llegar.

• Lamentablemente, aumenta el número de iglesias afectadas: Hay que añadir a El Güirito y Boca de Miel.

• Grandes los daños en Boca de Jauco y El Diamante. Sería muchísimo más fácil y rápido contar cuántas casas son las que quedaron con techo (por supuesto que son las de placa).

• En El Diamante, visité la casa donde se reúne la comunidad. Todos los sábados de julio y agosto iba allí. Ahora, al llegar, me parecía que me había equivocado. No era la casa. ¡Y resulta que sí lo era! Sólo que ahora le faltaban las matas, el jardín, la cerca, el techo, etc. Todo había volado. La familia se refugió en lo único de placa que tenía la casa: el servicio sanitario. Me explicaron que en este último lugar, parados uno al lado de otro, pasaron el ciclón (varias horas) nada menos que 20 personas. Se echó por tierra aquello que se nos dice que en un metro cuadrado solo caben 4 personas… También contaban que las paredes temblaban, y que hasta el lavamanos se separó de la pared, etc.

• Convencido estoy de que lo sucedido en la Diócesis era para que hubiesen muerto muchísimas personas.

• Es lindo lo que están haciendo en las comunidades para ayudar a los necesitados. Cuento lo que me llega, pero estoy seguro que se están tomando muchas iniciativas más. Hoy, en la Parroquia junto al Obispado están cocinado un arroz con pollo para llevarlo a no sé qué pueblo del municipio de Imías. También el sacerdote, en las misas de ayer domingo, les pidió que trajeran agua en botellas de plástico para llevarlas. ¡Ya son montones las botellas colocadas en la sacristía de esa iglesia, listas para llevar!

• La solidaridad sigue: llamadas, correos, ofrecimiento de ayuda. Desde la Parroquia de San José de Camagüey, me llamaron al celular dos jóvenes que estarían dispuestos a venir a ayudar “en lo que sea”. También había venido, en días pasados, otro joven de Santa Cruz. Son gestos bonitos pero que aún es muy pronto para poder atenderlos como es debido. Ojalá que más adelante se pueda canalizar su ofrecimiento.

• Ayer también había llegado a Baracoa un camión y una guagüita con jóvenes de Bayamo que venían a ayudar en lo que los sacerdotes de Baracoa habían coordinado. Ellos llegaban con su propia comida y un deseo grande “de poder hacer algo”.

• De regreso a Guantánamo paso por Imías y San Antonio a ver cómo va todo. Siguen ayudando. Ya se restableció la luz eléctrica, lo que hace más llevadera la situación. En Puriales hacen comida para ayudar a los albergados… Cáritas llevó a Imías sacos de carbón y huevos para varios lugares donde se está cocinando…

• Hoy llega a Guantánamo Maritza, la Directora de Cáritas Cuba. Así podremos canalizar mejor la ayuda a los necesitados. Por supuesto, que tendremos un encuentro con el Gobierno Provincial.

• ¡Qué lindo caer en la cuenta hoy que la primera lectura del domingo que viene es la de Moisés intercediendo por su pueblo con los brazos en alto! ¡Todos tenemos que hacer lo mismo!

Mons. Willy
Fuente: Arzobispado de Santiago de Cuba

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