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La Santidad es posible en nuestro tiempo, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

La Santidad es posible en nuestro tiempo, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Celebramos hoy, coincidiendo con el primer domingo del mes de noviembre, la solemnidad de Todos los Santos.

Contemplamos en este día, como escuchamos en la primera lectura (Apocalipsis 7, 9-10.13-14) a una inmensa muchedumbre que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas de pie delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Todos aquellos que a lo largo de la historia han vivido con plenitud la vocación cristiana a la santidad.

Como dice el papa Francisco también hoy la santidad es posible en nuestro tiempo; todo bautizado, sea cual sea su estado, está llamado a ser santo. La vida cotidiana es el marco de esta santidad, por ello nos dice el Papa:

Santidad significa vida inmersa en el Espíritu, apertura del corazón a Dios, oración constante, humildad profunda, caridad fraterna en las relaciones con los colegas. También apostolado, servicio pastoral discreto, fiel, ejercido con celo en contacto directo con el Pueblo de Dios.

La santidad es posible y lo es para personas muy diferentes con distintas maneras de ver y de hacer, y éste es el mensaje que el actual pontífice nos invita a vivir en este momento de nuestra vida y de nuestra historia. En la Iglesia que es santa, sus hijos vivimos la santidad, y ésta es nuestra vocación. El Papa en una homilía pronunciada una mañana en su misa de la casa de Santa Marta se preguntaba: ¿Pero cómo puede ser santa si todos nosotros estamos dentro? Aquí somos pecadores todos. ¡Es santa la Iglesia! Nosotros somos pecadores, pero ella es santa. Es la esposa de Jesucristo y Él la ama, Él la santifica, la santifica cada día con su sacrificio eucarístico, porque la ama tanto. Y nosotros somos pecadores, pero en una Iglesia santa. Y también nosotros nos santificamos con esta pertenencia a la Iglesia: somos hijos de la Iglesia y la Madre Iglesia nos santifica, con su amor, con los Sacramentos de su Esposo.

La santidad es, en palabras del Papa, el rostro más bonito de la Iglesia y, a la vez, no consiste en cerrar los ojos y poner cara de estampita; consiste, sea cual sea nuestra vida, en recibir la gracia de Dios: ¿Estas casado? Sé santo amando y cuidando a tu marido o tu mujer… ¿Eres padre o abuelo? Sé santo enseñando con pasión a tus hijos o nietos a conocer y seguir a Jesús.

Al celebrar en este día a Todos los Santos debemos, pues, sentir también nosotros la llamada que Dios nos hace a ser santos con el testimonio del amor de Dios en la vida de cada día.

Unida a esta solemnidad, mañana celebraremos la conmemoración de todos los fieles difuntos. La Iglesia recomienda, en este día, la oración en favor de los difuntos. No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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