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Opinión

La princesa de Éboli según santa Teresa de Jesús

La princesa de Éboli según santa Teresa de Jesús

José Manuel de Prada ha escrito una novela EL Castillo de Diamante sobre las relaciones de la Princesa de Éboli y Santa Teresa, en la que predominan la invención sobre la realidad de lo que vivieron y sufrieron ambas por causa de la Reforma Carmelitana (Carmelo Descalzo Femenino y Masculino), que se centró básicamente en la Fundación de Pastrana, y que mucho tiene ver con la ficción, como debe ser toda obra literaria que se precie.

La novela como el cine es ficción puede tener a veces visos de similitud con la realidad pero cuantos más tiene menos novela es. Para entender las relaciones reales que se dieron entre Santa Teresa y la Princesa de Éboli, los únicos documentos históricos directos que tenemos son por parte de Santa son las cartas y las obras, especialmente el libro de las Fundaciones, ese Quijote a lo divino. Por eso lo mejor que se puede intentar para perfilar estas relaciones es leerlas y comprender sus mensajes; lo que ellas dicen y no lo que nosotros imaginamos. El Vº Centenario del nacimiento de Santa Teresa continúa siendo una buena excusa para manipular la persona y la obra de la Santa de Ávila desde todos los puntos de visto posibles e imposibles. Aunque la lectura de sus obras continúa siendo casi inédita.

Supuestos estos documentos y de Prada presenta la España de Felipe II con sus grandezas y sus miserias: con su mística espiritualidad (Santa Teresa) y sus ambiciones políticas y traiciones (Ana de Mendoza). Es de agradecer a de Prada sus conocimientos; es decir sobe de lo que habla cuando trata de la ascética y mística teresiana, de su circunstancia existencial como reformadora, de la problemática socio-política que Felipe II ha creado a España y a la Iglesia Católica. Que de Prada es un magnífico narrador y una gran estilista que domina todos los registros históricos de la lengua desde la picaresca hasta el barroquismo e incluso el esperpento, es palpable en la novela. Pero de alguna manera la leyenda negra antiespañola subyace indirectamente en algunas partes leyendo entre líneas la leyenda negra contra España, especialmente contra de Felipe, objeto de todos los odios, de todas las mentiras, que propaló con especial intensidad su secretario Antonio Pérez, un alevoso y traidor vendido a los enemigos de España en sus Relaciones y que Holanda, Inglaterra, Alemania y Francia se encargaron en hacerla universal. Ana de Mendoza (mujer del príncipe de Éboli Rui Gómez) entró de lleno en la leyenda por los supuestos amoríos con Felipe II.   Como Lucrecia Borgia, otra víctima de la leyenda negra, que como tal pertenece más a la literatura que a la historia, porque como dicen Julián Juderías en su imprescindible obra para conocer la Historia real de España en tiempos de Felipe IILa leyenda negra de España: las obras históricas son de dominio de unos pocos; los las literarias novelas y teatro, son del dominio de todos”. Obviamente conociendo la trayectoria intelectual de José Manuel de Prada no se puede concluir que la admite y sí que la critique.

El problema real que Santa Teresa tuvo con Ana de Mendoza fue un problema de salud, porque Ana de Mendoza sufrió como muchos españoles de su tiempo el terrible mal de la melancolía perfectamente analizado y descrito por Santa Teresa en su obra, pero muy especialmente en las Fundaciones, en donde narra la fuente del conflicto que tuvo con la princesa de Éboli, en la Fundación de Pastrana. Para comprender cómo la melancolía era el gran mal del siglo XVI, basta conocer la importancia que le daban no sólo los médicos, más bien físicos y los moralistas y teólogos, algunos incluso llegaban a describirla como posesión diabólica. Era el mal del siglo y se extendía a todos las personas hombres y mujeres, humildes y poderosos, religiosos y seglares

Para Santa Teresa la melancolía era una enfermedad tan importante que no admitía en principio ninguna monja que padeciese esta enfermedad, porque es una especie de enajenación, así escribe: Si es persona que tiene melancolía o flaqueza de cabeza, no pueden no están en su juicio. El Capítulo 4 de las Fundaciones da unos consejos muy claros de cómo se ha de tratar con los monjas que sufren este mal, porque una monja melancólica basta para traer inquieto a un monasterio” y (…)La melancolía hace perder el juicio.

Santa Teresa es una gran conocedora de las características de las mujeres melancólicas las ha conocido y las sufridos en sus monasterios y ha tenido que utilizar todas sus cualidades de persuasión para atacar esta enfermedad tan desastrosa y que tantos males traen a los conventos. Ella por experiencia y por conocimientos ha sufrido en su propia persona las acusaciones más demoledoras en relación con su persona y en su obra, tratada como iluminada , hereje, díscola y desobediente, cuando era la mujer más equilibrada, realista y tolerante de su tiempo, atribuye todos sus desencuentros con doña Ana de Mendoza(Princesa de Éboli) a una profunda melancolía, humor negro o diríamos depresión, que se acentuó con una niñez y una adolescencia profundamente desgraciada por la tiranía de un padre y por un matrimonio precoz, casi una adolescente con embarazos y sobre todo por la muerte de su esposo. Hablando de los príncipes de Éboli escribe cuando fue a fundar a Pastrana,   a ruego de, Don Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila y familiar de Ana: “Hallé allá a la princesa y al príncipe Ruy Gómez, que me hicieron un muy buen recibimiento.” Santa Teresa tenía del príncipe una muy la consideración, porque afirma: “para todo lo bueno tener a Ruy Gómez, que tanta cabida tenía con el Rey y con todos”.

Con la fundación de los dos conventos de frailes y monjas en Pastrana Santa Teresa escribe: “Pues fundados entrambos monasterios, comenzaron a entrar novicias tales cuales adelante se dirá y a servir a nuestro Señor tan de veras como-si Él servido-escribirá quien lo sepa mejor decir que yo, que en este caso, cierto quedo corta en lo que toca a las monjas. Estuvo el monasterio allí de ellas en mucha gracia de estos señores y con gran cuidado de la princesa en regalaras y tratarlas bien , hasta que murió el príncipe Ruy Gómez, que el demonio, o por ventura porque el Señor lo permitió- su Majestad sabe por qué- con la acelerada pasión de su muerte entró la princesa allí de monja, con la pena que tenía, no le podían caer en mucho gusto las cosas a que no estaba usada de encerramiento, y por el santo concilio la priora no podía dar las libertades que ( la princesa) quería”. El conflicto había estallado y el enfrentamiento entre Teresa de Jesús y Ana de Mendoza estalló. Santa Teresa utilizó todas sus habilidades para que el monasterio fundado por la Princesa, después que ella lo abandonó y seguía molestando y haciendo imposible la vida tranquila de las monjas, se quitase de Pastrana y se fundase uno nuevo en Segovia. Analizando estos tristes acontecimientos escribe la Santa: “Sólo lo que tengo dicho-la obligación de clausura insoportable para la Princesa- fue la ocasión y la misma pena que esta señoría tenía-por su estado de viuda melancólica- y una criada que llevó consigo que a lo que se entiende, tuvo toda la culpa. En fin que el Señor que lo permitió. Debía ver que no convenía allí aquel monasterio, que sus juicios son grandes y contra todos nuestros entendimientos. Yo por sólo el mío, no me atreviera, sino por el parecer de personas y letras” (Fundaciones, cap.17-17). Estos acontecimientos han servido a novelistas, como es el caso de José Manuel de Prada en su novela pata narrar una acción trepidante en cuyos protagonistas son Teresa de Jesús y Ana de Mendoza más conocida como Princesa de Éboli.

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua y Literatura, Doctor Filología Románica Licenciado en Ciencias Eclesiásticos (Tesis Doctoral San Juan de la Cruz. Tesis Licenciatura Santa Teresa de Jesús (“Arte Literario de Santa Teresa en el Castillo Interior)

PD: Este artículo pretende ser un homenaje a Santa Teresa en la clausura del Vº Centenario



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