Opinión

La política de la santidad: conversaciones con Jorge Fernández Díaz, exministro español de Interior

La política de la santidad: conversaciones con Jorge Fernández Díaz, exministro español de Interior

Fotografía en la que aparece el exministro de Interior de España con su perra Lola

 

Me siento recientemente con el exministro de Interior de España, don Jorge Fernández Díaz, en una terraza en el campo para charlar deshilvanando recuerdos, reflexiones, experiencias y demás, de sus tiempos como responsable máximo de la seguridad del Estado. Debo añadir necesariamente que esta entrevista en su totalidad, aunque la iré desgranado poco a poco, tuvo lugar antes de los monstruosos actos terroristas en las Ramblas de Barcelona, ciudad donde él vive.

La primera entrega de este acerbo recopilado a lo largo de un fin de semana en el campo versa sobre lo dicho, la santidad, o unión con Dios como fiel cristiano, en los quehaceres del día a día, y en este caso en el enrevesado mundo de la política. Hablamos de las raíces cristianas de Europa, de multiculturalismo e integración, el Islam, la ley mordaza, familia, valores, aborto, invierno demográfico, el futuro de nuestros jóvenes y tantas otras consideraciones en esta pequeña serie de entregas que si el lector tiene paciencia irá descubriendo en clave de un ex ministro de España.

Jordi Picazo

“Dios me ha dado la vocación a la santidad, y la vocación a la política”

Jordi Picazo -¿Se puede ser santo en política?

Jorge Fernández Díaz -Juan Pablo II en el año jubilar del 2000 nos dio a los políticos y gobernantes un patrono que acredita que eso puede ser, ¿no?: Santo Tomas Moro. Y luego aunque sin sanción formal por no estar canonizados, sino más bien en el sentimiento de la gente común, de la gente de la calle, tienes grandes figuras como hombres de Estado, gobernantes, políticos, sobre los que la gente no duda que han dado un gran testimonio de vida, un testimonio de una gran coherencia.

JP -¿Ejemplos?

“La política bien hecha es una forma heroica de Caridad cristiana”

JFD -Por ejemplo el rey Balduino de Bélgica. Si nos remontamos más atrás podemos hablar también de san Luis Rey de Francia, o de Fernando III el Santo, en España. Respecto al rey Balduino, y con independencia de que sea reconocida o no su santidad por parte de la iglesia católica, es evidente que fue un hombre que dio un testimonio extraordinario de coherencia de vida. Y bueno, no voy a ocultar que puede ser más difícil la santidad en la vida pública que en otras actividades, aunque tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han repetido en diversas ocasiones -y yo se lo he oído en persona en alguna de ellas- que la vida política, entendida rectamente como servicio al Bien Común, puede llegar a convertirse en una forma heroica de vivir la caridad. Y que efectivamente es posible, y ciertamente no es fácil.

JP -Hábleme del poder transformador de la Gracia de Dios. Y se lo pido porque yo personalmente admiro entre otros al rey Hussein de Jordania, gran pacificador donde los haya, con un valor enorme; valor que mostró por ejemplo cuando contra todos los consejos de sus asesores por el grave peligro de seguridad acudió, siendo musulmán, al entierro del Primer Ministro de Israel asesinado Isaac Rabin, al que llamaba hermano suyo. Comentó, ‘él es mi hermano, y yo voy a su entierro’.

JFD -[Interrumpe] Y fue muy respetado, y también en esa situación y en ese lugar.

JP -Y un Churchill; un Churchill que dijo entre otras cosas que “There is no doubt that it is around the family and the home that all the greatest virtues, the most dominating virtues of human, are created, strengthened and maintained” [no hay duda que es el entorno de la familia y el hogar donde todas las grandes virtudes, las más capitales de las virtudes humanas, se crean, se refuerzan y se mantienen  –Nota del autor]; o también dice “The more closely we follow the Sermon on the Mount, the more likely we are to succeed in our endeavours[cuanto más de cerca seguimos el Sermón de la Montaña, más serán nuestras posibilidades de éxito en todo lo que hagamos -Nn del A] refiriéndose a las Bienaventuranzas. Curiosamente el rey Hussein y Winston Churchill estudiaron en el mismo colegio, Harrow School, en el que yo también tuve el gusto de dar clases de lengua y literatura españolas y de estudios sobre religión como titular en los 90; así como también fue alumno el rey Faisal de Irak, decía, que diseñó Oriente Medio con los ingleses, con los franceses y junto al coronel Lawrence de Arabia; y ex alumnos del mismo colegio también Lord Byron, Nehru de Gandhi, o James Blunt y Benedict Cumberbatch entre muchos, nos llevaría a hablar de la importancia de la educación, y en este caso una educación cristiana anglicana.

JFD -Yo añadiría entre los notables a De Gaulle. Y por supuesto a santo Tomás Moro, sin olvidar que varios padres fundadores de la Unión Europea tienen incoados procesos de beatificación en la Iglesia Católica, lo cual por cierto dice mucho de las raíces cristianas de Europa.

“Jesucristo dijo: ‘Sin mí no podéis nada’”

JP -Por ello le pregunto por el poder transformador de la Gracia, porque hombres buenos los hay que no piden ayuda a veces a Dios necesariamente en sus acciones…

JFD -El Señor dijo “sin mí no podéis hacer nada”, y es evidente que confiar en nuestras únicas fuerzas es estar condenado necesariamente al fracaso, me atrevería a decir, en cualquier actividad humana; por supuesto si uno aspira a la santidad, se esforzará por vivir de manera heroica las virtudes cristianas: por tanto la fe, la esperanza, la caridad; la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza; y tiene uno que hacerse santo donde la vida le ha colocado, en la vida ordinaria.

Porque la santidad es algo a lo que todo bautizado debe aspirar -de hecho un católico sabe que Jesucristo nos redimió a todos- y el Concilio Vaticano II lanzó el mensaje claro a la cristiandad que todos estamos llamados a la santidad, ¿no? Lo que pasa es que tenemos un concepto de la santidad, en mi opinión, quizás excesivamente almibarado y por otra parte un tanto, diría yo también, deformado.

“La plenitud del hombre es la santidad”

JP -El Cardenal Saraiva Martins, prefecto emérito de la Congregación vaticana para la Causa de los Santos -llevó las causas de los pastorcitos de Fátima, y más de 700 otras-  me dijo algo en entrevista la pasada primavera en su casa que, aun habiendo oído tanto sobre el tema, me chocó por la manera de expresarlo, lo fácil que lo puso: vino a decirme que no existe la posibilidad de ser hombre o mujer completos si uno no es santo. Y uno puede pensar: ¡caramba! Pero leyendo su libro “Santidad en un mundo que cambia” uno lo llega a entender bien.

JFD -Es La plenitud del hombre

JP -¿Es el proyecto de Dios para el hombre, dicen?

JFD -Exacto, y me parece una definición magnífica. Como todo lo magnifico tiene que ser sencillo en su definición y en su formulación. La plenitud del hombre es la santidad, porque Dios nos ha creado para ser santos y vivir eternamente en su presencia. Por tanto la plenitud del hombre efectivamente se alcanza en la medida que respondemos al designio que Dios tiene sobre nosotros, sobre nuestras vidas cuando nos creó, con la ayuda de su Gracia. Y Dios cuenta para ello con nuestra libertad. Y ahí Santa Teresita de Lisieux lo describe muy bien cuando dice que

«Puso ante mis ojos el libro de la naturaleza y comprendí que todas las flores que él ha creado son hermosas, y que el esplendor de la rosa y la blancura del lirio no le quitan a la humilde violeta su perfume ni a la margarita su encantadora sencillez… Comprendí que si todas las flores quisieran ser rosas, la naturaleza perdería su gala primaveral y los campos ya no se verían esmaltados de florecillas… Eso mismo sucede en el mundo de las almas, que es el jardín de Jesús. Él ha querido crear grandes santos, que pueden compararse a los lirios y a las rosas; pero ha creado también otros más pequeños, y éstos han de conformarse con ser margaritas o violetas destinadas a recrear los ojos de Dios cuando mira a sus pies. La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que él quiere que seamos…” (Sta. Teresita de Lisieux)

Quiere decir  que la plenitud de la santidad de un alma no tiene que ser igual a la de otra: cada alma a lo que debe aspirar es a llegar a la plenitud  a la que ha sido llamada.  Y en esa medida llegara a la plenitud como persona, como mujer, como hombre.

JPSanta Teresa de Ávila, decía que Dios anda entre los pucheros…; o he leído de San Josemaría, fundador de la Prelatura del Opus Dei y la Santa Cruz de la que usted es miembro, decía

“No hay otro camino, hijos míos: o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca. Por eso puedo deciros que necesita nuestra época devolver a la materia y a las situaciones que parecen más vulgares su noble y original sentido, ponerlas al servicio del Reino de Dios, espiritualizarlas, haciendo de ellas medio y ocasión de nuestro encuentro continuo con Jesucristo”. (San Josemaría)

Entonces…

JFD -[Interrumpe] 8 de octubre del 67, la homilía del campus de la Universidad de Navarra,

JP -¿Estaba usted allí?

“En el ejercicio de las pequeñas virtudes está la santidad”

JFD -No, me había ido una semana antes a empezar [Ingeniería de] Caminos a Santander, porque hice “preu” en Pamplona. O sea que… es en el ejercicio de las pequeñas virtudes -porque las grandes vienen después, si hay ocasión- donde está la santidad.

JP -… y mi pregunta es, ¿qué pequeñas virtudes se pueden ejercer como ministro de interior en un país como España porque… si es Inglaterra habrá que hablar de otras virtudes me imagino ( nos reímos]?

JFD -Bueno con mencionarlas no quiero decir que yo las haya cumplido, lo que quiero decir es que son las que yo entiendo que se pueden ejercer; y podrían ser… la solidaridad: pero como expresión y manifestación de la caridad, no la solidaridad entendida como filantropía sino entendida como virtud cristiana… Así pues, la solidaridad, ¿no?, la dedicación al Bien Común. La solidaridad de manera muy especial porque claro, en un ministerio como el de Interior tienes una responsabilidad muy especial con la defensa de los derechos de las personas, con la protección de su seguridad personal que es requisito previo para poder vivir en libertad. Y entendiendo la libertad como tendencia al bien.

Otra, la austeridad.  Y hay otras que son más difíciles de cumplir, como tener una clara  prioridad y jerarquíade valores. Porque en la actividad pública una tentación que tienes de manera permanente -y en ese ministerio de manera especial, aunque diría que en casi todos por no decir en todos- es la tentación de no guardar esa jerarquía de manera adecuada. Porque en ocasiones crees que el mundo pasa por ti, que todo depende de ti. Debes estar las 24 horas poco menos que activo o pendiente de resolver este o aquel problema, ¿no es así?

Debes, pienso, guardarte de esta tentación en la que es muy fácil caer. Más fácil de lo que parece en el día a día, al cabo de unos cuantos días miras atrás y dices “¡mira!, ya he caído yo en esta tentación y estoy inmerso en este desbarajuste y en este caos o desorden de vida…” Pero creo que las virtudes de trabajar por los demás, de dedicarte a los demás, de preocuparte por los demás, de la rectitud de intención, las puedes desarrollar de una manera muy especial. No es fácil porque sin ir más lejos, si lo que entiendes tú por bien común no es lo mismo que entiende la sociedad por bien común, te encuentras con problemas de conciencia con facilidad. Ahora se confunde Bien Común con Interés General.

“Es difícil ser tú mismo en el mundo de la política”

JP -En la película “Un hombre para la eternidad”, sobre los últimos años de la vida de santo Tomás Moro, Lord Canciller de la Inglaterra de Enrique VIII, Tomás Moro le dice a su yerno -que quería un puesto en la política- “hazte maestro”; y ante su insistencia le advertía que “no podrías dar cuenta de ti mismo ni esa misma noche”. Más tarde vemos que medra por otras vías y logra convertirse en gobernador de Gales, a lo que Tomás Moro ya en el juicio en el que el yerno atestigua falsamente contra él, le dice que ha llegado a este puesto con métodos no muy éticos… “pero si es por Gales”. La pregunta que quería hacerle es si es difícil dar cuenta de uno mismo en la palestra de la política al frente de un ministerio de Interior. Me imagino que tiene que ver con la solidez de la vida interior, de la vida para adentro. Y también me imagino que el viento que te zarandea constantemente te pone en tentación de contentar ahora a uno, ahora a otro. Y finalmente me imagino también que ser tú mismo todo el día es muy difícil.

JFD -Es muy difícil, sí. Has de aspirar a ello, aspirar a conseguirlo pero con la íntima convicción de que va a ser muy difícil conseguirlo. Ciertamente es de las cosas más difíciles con las que te encuentras en la vida pública, sobre todo en el terreno de las responsabilidades.

Y en ocasiones te das cuenta que no eres tú mismo. Puedes estar interpretando un papel, el papel que te ha tocado con el instrumento musical que te asignan en el conjunto de la orquesta, y con una partitura determinada. Dependes del director de la orquesta y estás sometido a la crítica del público que te está escuchando. Y no puedes desafinar del conjunto de la orquesta.

“Y si no le gustan estos principios, tengo otros” -Groucho Marx

JP -¿Qué frase fue que usó usted en Ávila, en el quinto centenario de Teresa de Ávila, en un acto público? ‘Tiempos…’

JFD -Tiempos recios 

JP -Hay que ceder a veces. Hay que ceder, eso es humildad, dicen.

JFD -Sin duda; sin duda.

JP -Como decía el fundador de la institución laical a la que Usted pertenece, san Josemaría Escrivá -y lo cito porque he leído escritos suyos aunque Usted sabe más-, en ocasiones habrá que “ceder sin conceder”. Y esto es difícil, me imagino, Usted me lo cuenta. Él añadía “con ánimo de recuperar”. Pero eran otras circunstancias me imagino. Ceder sin conceder los principios, no como el cómico estadounidense Groucho Marx y su frase de “y si no le gustan estos mis principios tengo otros”.

JFD -Sin duda esa frase dice mucho, sí. El fundador del Opus Dei tenía don de lenguas. No podía expresar cosas tan sublimes con mayor sencillez. Pocas personas he conocido yo con esta capacidad, y aunque, como he dicho antes, por poco no le conociera en persona, sí conozco su Obra y en fin, hay multitud de vídeos con tertulias, conferencias y charlas que dio en su vida. En todo caso ciertamente: ceder sin conceder, establecer esa línea divisoria entre el ceder y el conceder no siempre es fácil, ¿no?

JP -Algunos se rieron después de esa frase con la que cita Usted a la Teresa de Ávila, pero se rieron de usted como se rieron de la misma Teresa, doctora de la Iglesia, o de Jesucristo, o se rieron de Winston Churchill en ocasiones, ¿no? Pero en un país como España, ser católico hoy es difícil, cuentan.  ¿Le ha provocado esto alguna crisis de identidad? Leí una reflexión que había compartido Justin Welby, arzobispo de Canterbury sobre la identidad personal. El arzobispo anglicano Justin Welby es hijo de padres no casados. Y coincide que es hijo ‘bastardo’ -palabra muy usada en Reino Unido- de un padre que había sido secretario en su tiempo de Winston Churchill, y a la vez su madre también había sido secretaria en otro momento de Winston Churchill. Y lo descubrió hace muy pocos años. Y a todo esto alguien le preguntó si ese hecho le provocaba una crisis de identidad; a lo que él respondió que ninguna crisis de identidad, que “mi identidad es Jesucristo.

JFD -Qué bueno.

“Si pudiera volver atrás, cambiaría muchas cosas”

JP -Y fíjese en la influencia de la educación, ya volveremos sobre esto, porque Justin Welby, como David Cameron ex primer ministro de Inglaterra, como Boris Johnson ex alcalde de Londres estudiaron en el mismo colegio, Eton College. 

¿Si pudiera volver atrás, cambiaría alguna cosa?

JFD -Son muchas las cosas que habría hecho de distinta manera.

Continuará con el próximo cortado con hielo, cuando el ex ministro me habla de levantarse y rectificar, de muchas cosas que hubiera hecho de otra manera. Reflexionará asimismo del tiempo como bien escaso, de la necesidad de priorizar: “el tiempo no es solo oro, sino Gloria”, confiesa.

Para saber más:

Los libros: “La santità è possibile. Nascono per non morirédel Cardenal José Saraiva Martins. y “La Santità in un Mondo che Cambia”.

El artículo: -“Cien años de Fátima (IV): Entrevista exclusiva para ECCLESIA al director de la Causa de canonización de Francisco y Jacinta”, de Jordi Picazo

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