Carta del Obispo Iglesia en España

La piedad como pretexto, por Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, para el domingo 4º de Adviento

Mons. Jesús Sanz Montes

La piedad es una virtud, un don del Espíritu. Pero tiene que ponernos en disposición

de abrirnos a Dios y de entender sus mensajes. De lo contrario es una suposición que termina en pretexto para no escuchar al Señor. De esto nos habla la Palabra de Dios según nos vamos acercando al verdadero Acontecimiento que ha marcado la historia de los hombres, ese día en el que Dios dejó de enviarnos más mensajeros para hacerse Él mismo mensaje y mensajero a la vez. Portador y portavoz de un proyecto amoroso por el que volvía a estrenar el ensueño truncado y fallido por el mal uso de la libertad de los hombres. Eso fue la pascua de su Natividad, gozne verdadero entre la pascua de la Creación y la pascua de la Resurrección.

En este cuarto domingo de Adviento, escala última antes de Navidad, se nos presenta a María como contrapunto de obediencia y fidelidad. Hay formas de “respetar” a Dios, que en el fondo son maneras elegantes de tenerle bajo control para que no influya ni modifique nuestra vida real. Era la pretensión del rey Acaz: no quería “tentar” a Dios, ni importunarle, dejándole donde estaba en su nimbo de nubes y en sus divinas labores. Pero el profeta no aplaudirá este respeto que en el fondo desprecia, esta veneración que termina ignorando.

 

También a nosotros se nos ha anunciado esta Buena noticia prometida: Dios sin dejar de ser el Altísimo, será un Dios-con-nosotros, un Dios que ha querido acamparse en nuestro suelo, hablar nuestro lenguaje, sufrir en nuestros dolores y brindar en nuestros gozos.

 

Si fuera Dios pero no estuviese con nosotros, sería una divinidad lejana, opresora o

inútil. Si estuviera con-nosotros pero no fuese Dios, estaríamos ante alguien bondadoso, mas incapaz de acceder a los entresijos de nuestro corazón y de nuestra historia, en donde nuestra felicidad se hace o se deshace. Él es Dios y con-nosotros, para que nosotros estemos con Él y con cuantos Él ama, para que podamos estar hasta con nosotros mismos, sin censura acalladora y sin traición reductora de cuanto nos constituye. En este horizonte aparece María, como alguien que se fió de Dios, que le dejó ser Dios (tremendo misterio de nuestra libertad humana y de la condescendencia divina), consintiendo que su Palabra eterna se hiciera biográfica en la entraña de su historia de mujer creyente. María coprotagonizó el primer Adviento y recibió la misión al pie de la cruz de co-protagonizar todos los Advientos desde su intercesión maternal hacia los hermanos de su Hijo.

Debemos descubrir que jamás molestamos a un Dios que ha querido amarnos hasta ser-estar con nosotros. Y pedimos que nos conceda tratarnos entre nosotros como somos tratados por Él: que acogiendo y contemplando al Dios-con-nosotros, podamos a nuestra vez ser también hermanos-entre-hermanos.

? Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Oviedo

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