Opinión

La “pequeña y arrogante oligarquía” que nos quiere gobernar…, por José María Salaverri

La “pequeña y arrogante oligarquía” que nos quiere gobernar…, por José María Salaverri

Siempre Así “en concierto”…

El pasado 26 de febrero hay lleno completo –unas 3000 personas- en el Auditorio Fibes de Sevilla. Actúa el grupo Siempre Así, en la gira presentación de su disco nº 14 “Corazón”. Es un grupo sevillano, alegre, popular. Un grupo que ha actuado en eventos muy variados, desde deportivos hasta religiosos. Al final del concierto, Rafael Almarcha, líder de la formación, cantante, guitarrista, compositor… se dirige al público:

“Ahora que España está tan dispersa, nosotros como cristianos decimos son orgullo que sí sabemos respetar a los demás… Por eso también nosotros, como cristianos pedimos que se nos respete, pedimos respeto a las tradiciones, respeto a los demás”.

Y anima al público a cantar con ellos la Salve Rociera, “dando gracias a la Virgen del Rocío, dando gracias a Dios”. La entona y todos la cantan con entusiasmo.

¿Qué ha pasado? Nunca Siempre Así ocultó sus raíces cristianas, pero ahora -aunque se trate de un concierto de música ligera- ni puede ni quiere callar ante lo que considera una atropello a las tradiciones cristianas.

Ya dos días antes, más de 2000 personas se habían reunido ante el Ayuntamiento para protestar por la propuesta de los grupos de izquierda de cambiar todo nombre que, en Sevilla, tuviera relación con la Iglesia católica. No querían ni la calle tan tradicional del Ave María, ni la calle Hermanas de la Cruz, ni la plaza Hermandad del Rocío, ni el puente del Cristo de la Expiación, del Cachorro… Querían un “callejero laico y aconfesional”. Y exigían además que al arzobispo de Sevilla se le retirara el título de “autoridad pública”. Pero apoyaban una procesión blasfema…

            En Madrid, la alcaldesa quiere cambiar en nombre de “Semana Santa” por Semana de festividades”. En Valencia, no se deja entrar la Senyera en la catedral, etc., etc. Se quiere hacer borrón y cuenta nueva de toda tradición que sepa a cristianismo.

Todo eso en nombre de una supuesta neutralidad “laica y aconfesional”. Pero los que lo piden no son laicos y para colmo tienen una “confesión” bien clara: son antiteístas y anticristianos. Una “confesión” negativa, pero una confesión como otra cualquiera. Este rechazo de las raíces, alimentado por algo tan irracional y negativo como el odio, corre el peligro de degenerar en totalitarismo y en violencia.

“Pedimos respeto a las tradiciones…”

Eso piden sin miedo los cantantes de Siempre Así. Y lo piden todas las personas sensatas, aunque no sean creyentes. Ahí tenemos, por ejemplo, a Marcello Pera, filósofo no creyente, expresidente del Senado italiano, dialogando cordialmente con el cardenal Ratzinger, hasta publicar sus intercambios en un libro en común. Un libro que lleva un título significativo, “Sin raíces”. Efectivamente no se puede hacer un presente que tenga futuro sin tener en cuenta las raíces. Sin tener en cuenta las tradiciones.

¡Qué bien analizó lo que es tradición y su relación con la democracia Gilbert K. Chesterton (1874-1936)! Se pregunta: ¿de dónde habrá sacado la gente que tradición se opone a democracia?

“A mí me parece obvio que la tradición no es más que la democracia proyectada en el tiempo. Como que ésta consiste en fiarse más del consenso de opiniones comunes que del sentimiento aislado y arbitrario”.

Estas reflexiones sobre tradición y democracia están escritas en 1908 -es decir 14 años antes de su conversión al catolicismo- en su libro “Ortodoxia”. Merece la pena leer el capítulo (el IV), y también el libro, entero. Aquí solo entresacaremos aquí la descripción que hace de los que quieren saltarse las tradiciones:

“Acepar la tradición es como conceder derecho de voto a la más oscura de las clases sociales; la de nuestros antepasados; no es más que la democracia de la muerte. La tradición rehúsa someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que, por casualidad, andan todavía por la tierra”.

Hace más de 100 años Chesterton describió a la perfección lo que está ahora ocurriendo en muchas comunidades autónomas y ayuntamientos. Una oligarquía, es decir unos pocos de ideas totalitarias; pequeña, -unas minorías que perdieron las elecciones, y han llegado al poder por casualidad, es decir por cambalaches entre ellos -legales tal vez, con frecuencia contra natura, pero ¿justos?-; y por fin, lo peor: son arrogantes. Se creen superiores a todos y en todo, con lo cual pueden hacer tabla rasa de toda tradición, sobre todo si es religiosa y cristiana, e imponer a todos los demás sus propias ideas; y no precisamente para una sana convivencia, sino para eliminar todo lo que sepa, de cerca o de lejos, a católico. ¿Es esto democracia?

Chesterton afirma que las tradiciones que provienen de opiniones de hombres honrados, aunque difuntos, no deben desdeñarse, sino respetarse. Por eso, tenía razón, y la sigue teniendo, cuando afirma:

“Me es del todo imposible separar estas dos ideas: democracia, tradición. Me parece que son una sola y misma idea”.

En realidad todo este libro Ortodoxia, -repito que escrito años antes de hacerse católico-, quiere mostrar cómo va descubriendo que las tradiciones católicas son las más sensatas, las más verosímiles. Pero para comprenderlo hay que tener una mente abierta y un corazón humilde. Como Chesterton, que era así. Y respetaba mucho a sus adversarios, pero era de una lógica contundente exponiendo sus propias convicciones.

Esta misma “pequeña y arrogante oligarquía” es la misma que ignora la historia o que la manipula cuando le conviene; que pide la abolición de las corridas de toros (¡pobres animales!), mientras defiende como un derecho de la mujer el “impedir” venir al mundo a una persona humana en el vientre de su madre (¡es un intruso molesto!).

Sí, nosotros respetamos a los demás; pero exijamos sin miedo que se respete nuestra libertad de católicos o simplemente de personas humanas. No nos encerremos; no nos dejemos robar, por pasividad, nuestras convicciones y tradiciones. No molestan a nadie y son infinitamente misericordiosas… incluso para con los que -no sabemos por qué- parece que nos odian. ¡Hasta rezamos por ellos!

                                                          (19 de marzo de 2016)

José María Salaverri, sm

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