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La pederastia no se combate  con  descalificaciones generalizadas ni con recreaciones grotescas – editorial Ecclesia

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La pederastia no se combate  con  descalificaciones generalizadas ni con recreaciones grotescas – editorial Ecclesia

Cuando el 24 de febrero pasado, el Papa Francisco, con un memorable discurso (ECCLESIA, número 3.978, páginas 25 a 30), clausuró el encuentro sobre la protección de los menores en la Iglesia, no solo entonó un nuevo y vibrante reconocimiento institucional de culpa sobre esta siempre inadmisible y nauseabunda praxis, sino que también llamó a la toda sociedad a que acometa con decisión y valentía la lucha contra ella.

Y es que, aunque ni un solo caso producido en la Iglesia católica estaría jamás justificado, la Iglesia no es el único ámbito, ni mucho menos, donde esta inaceptable degeneración y depravación se produce. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), casi el 80% de los abusos a menores se dan en la familia, cifra que descendería hasta el 73% en España. Los entornos del deporte, del ocio y de la escuela en general registran asimismo significativos porcentajes, por encima del 3% que flagela a la Iglesia católica.

Ofrecer, recordar, estos datos no debe ser entendido nunca como un alivio o un descargo para la comunidad eclesial, sino como un ejercicio de objetividad, realismo, veracidad y justicia. Realidades estas sin las cuales la lucha contra la pederastia nunca será efectiva.

Sorprendió y desagradó, por tanto, la falta de rigor del Informe de la Fiscalía General del Estado español sobre las diligencias en curso por delitos de abusos sexuales a menores, publicado a finales de junio (ECCLESIA número 3.994, páginas 8 y 9, y número 3.995, páginas 10 y 11). Aquel informe estaba plagado de generalizaciones, ideologizaciones y de cifras y datos de escritos de acusación, sentencias y diligencias de investigación incoadas entre 2017 y 2019 que corresponden al conjunto de la sociedad española, pero que después se imputaban singular y unilateralmente a la Iglesia, para la que, además, no se ahorraban descalificaciones. Como es evidente, y como practican desde el Papa hasta las diócesis y congregaciones religiosas y las distintas conferencias episcopales y demás instancias eclesiales, somos los primeros interesados en combatir esta lacra social que también afecta, sí, a la Iglesia, por lo que cualquier iniciativa que ayude a avanzar en la protección de la infancia es bienvenida. Es más, la Iglesia es consciente de la especial gravedad de los abusos en su seno porque contradicen abiertamente la voluntad de Jesucristo, quien previno durísimamente contra aquellos que escandalizaran y abusaran de los pequeños (Mt 18, 6), y lastra y esteriliza, en consecuencia, su credibilidad y misión evangelizadora.

Y al igual que las descalificaciones y acusaciones genéricas y sesgadas a la hora de abordar este gravísimo tema, no contribuyen tampoco a combatir y erradicar la pederastia, menos aún lo logran —todo lo contrario— las recreaciones, actuaciones y manifestaciones grotescas al respecto. Y en particular, nos referimos ahora a la pseudoexposición titulada «Pedroclastia», que alberga el Círculo de Arte de Toledo. En este lugar, antiguo templo católico, un supuesto artista pretende denunciar la pederastia en la Iglesia católica mediante imágenes y contenidos insultantes, delirantes, grotescos, esperpénticos e impropios e indignos no solo de la realidad, sino también del respeto sagrado que merecen las víctimas de los abusos.

Manifestaciones de esta naturaleza, como ha escrito oportuna y cabalmente el arzobispo de Toledo, «nada tienen que ver con la libertad de expresión y sí con la responsabilidad» para quienes lo dicen y apoyan.

Nada tiene esto que ver, repitamos, con libertad de expresión y de creación. Pero tampoco con el compromiso irrenunciable de luchar contra esta lacra; al revés. Porque, tarde o temprano, por este errático e hipócrita camino, se puede acabar fomentando, de algún modo, lo que se denigra.

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1 comentario

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  • El tema de la pederastia es suficientemente grave para que todos los cristianos nos sintamos aludidos cada vez que se confirma un caso en la comunidad cristiana. Aunque no sea este el caso ahora, quiero expresar la idea que debiera estar en la mente de todos los miembros de la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana, es decir, dentro de una institución cuya unidad y universalidad la hacen única en la Tierra. Vigilar y orar porque ese valor infinito no sea erosionado de ningún modo es tarea de todos. Por eso, todos debiéramos sentirnos tristes y avergonzados no sólo por los casos de pederastia de los sacerdotes, sino de todos los cristianos y de todos los que no sabemos qué hacer cuando estamos persuadidos de que un menor está siendo utilizado como un esclavo sexual. Porque lo primero que hace el violador es convencerlo de que no está siendo obligado.
    Contra toda forma de esclavitud, especialmente si es un menor o alguien que está en riesgo de exclusión social, el que suscribe.