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La paz y el Papa en México, por Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco

La paz y el Papa en México, por Carlos Garfias Merlos, Arzobispo de Acapulco

Que la Misericordia de Dios Padre, manifestada en Jesucristo, nos transforme cada día, para disponernos a la Visita del Papa Francisco, y a la celebración de la Cuaresma, que iniciará con el Miércoles de Ceniza. Estos dos acontecimientos nos ayudarán a ver con ojos de fe nuestra realidad y construir juntos un camino que sane el tejido social de nuestro país y nuestro estado.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ: EJE TRANSVERSAL DE LA PASTORAL EN LA ARQUIDIÓCESIS DE ACAPULCO

Como es reconocido por todos, los problemas del recrudecimiento de la violencia y la inseguridad han azotado nuestra Nación, siendo nuestro Estado uno de los más golpeados. Inclusive, recientemente han declarado a Acapulco como una de las ciudades más violentas del mundo. Estos temas han ocupado nuestras mentes y nuestros corazones, pues tales fenómenos han acontecido de manera impresionante y dolorosa, y los hemos experimentado muy de cerca, y, en algunos casos, hasta en carne propia.

Esta realidad de violencia, con nuevo y cruel rostro, ha generado estupor y desconcierto, dolor y amargura, tristeza y llanto, indignación e impotencia entre todos “Los cristianos, quienes sabemos que la violencia engendra más violencia, por lo que la solución a este problema es honda y compleja. Los actos violentos que presenciamos y sufrimos son síntomas de otra lucha más radical, en la que nos jugamos el futuro de la patria y de la humanidad. En el interior del ser humano se da la batalla de tendencias opuestas entre el bien y el mal” (CNP 110). Luchemos contra el poder del mal, que destruye y deshumaniza a las personas.

En nuestra Arquidiócesis de Acapulco estamos impulsando, como respuesta humanitaria, amorosa y, desde la fe, pero abierta a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, ante la emergencia de inseguridad y violencia, una Pastoral que tiene como Eje Transversal la Construcción de la Paz. De esta manera queremos abonar a la promoción de una nueva conciencia personal y comunitaria que nos lleve a todos y a cada uno a ser mensajeros y constructores de la paz. El camino que nos hemos propuesto nos hace fortalecer nuestras capacidades para acompañar a las víctimas de la violencia de una manera  integral, es decir, cuando las personas o las familias son golpeadas por algunas de las formas de violencia más agresivas y se encuentran en una situación de indefensión y alta vulnerabilidad, que puede derivar hasta en una situación de terror y de encerramiento, nosotros les ofrecemos nuestra escucha y el acompañamiento espiritual, psicosocial, pastoral y cuando se puede jurídico. En estas ocasiones se requiere de una gran capacidad para acercarse a las víctimas y para ayudarles a superar el momento de crisis con los recursos de que disponen y con los instrumentos que tenemos a nuestro alcance.

Estamos ciertos de que se puede evitar un daño mayor en las personas y en las familias con el debido acompañamiento integral, según se puedan disponer de herramientas y de acuerdo a sus necesidades, ofrecemos recursos espirituales y pastorales para que estas personas y familias en situación de mucho dolor reciban el acompañamiento que requieren.

Construir la paz requiere con sabiduría profundizar hasta las causas profundas que provocan la violencia y que están en el fondo de tanta maldad. Hombres y mujeres mueren a manos de hermanos que no se reconocen como tales; olvidamos que fuimos creados por Dios como seres hechos para el encuentro, para la fraternidad y para entregarnos, mutuamente, en actitud solidaria.

Invito a todos a que nos capacitemos para escuchar, generando una relación de confianza y de apoyo moral y espiritual, de manera que podamos reducir al máximo los efectos de la violencia en las personas, en las familias y en las comunidades y así, construyamos juntos la Paz. Que durante este Año de la Misericordia acompañemos a las Víctimas de la Violencia con nuestra oración, consuelo y aliento, y los animemos con nuestra solidaridad, ofreciéndoles fortaleza y esperanza.

DOCE DÍAS PARA LA LLEGADA DEL PAPA FRANCISCO A MÉXICO

Con gran expectativa por la inminente Visita de Su Santidad Francisco, todos nos alegramos porque sólo quedan doce días para que se encuentre entre nosotros, confirmándonos en la fe, la esperanza y la caridad.

En su viaje a nuestra Patria, el Papa viene como Misionero de la Misericordia de Dios y de la paz, viene a alentar la esperanza de nuestro pueblo, golpeado por tantos infortunios. Ha escogido, para hacerse presente, la Basílica de la Virgen de Guadalupe para encomendarnos a la protección de Santa María, Reina de la Misericordia. Visitará todo México, en algunos lugares que él mismo escogió y en donde hace falta alentar la confianza en el amor misericordioso de Dios: estará con los golpeados de la violencia, con los indígenas, con los migrantes, con los jóvenes, con las familias, con los sacerdotes y religiosas, con las autoridades civiles y con todos los que sienten la tentación del desaliento y la desesperación.

El Papa Francisco nos invita a poner en el centro de nuestra vida la Misericordia de Dios. Él mismo ha hecho de la vivencia de las obras de misericordia su enseñanza central: lo ha pedido a los sacerdotes, a las familias, a todos, en general. También ha invitado a quienes siembran violencia y muerte con las armas, a descubrir que aquellos a quienes quieren exterminar son seres humanos y a no alzar la mano contra ellos.

Invito a todos para que sigamos disponiendo nuestro corazón a la próxima Visita del Papa y nos preparemos a la conversión sincera en la Cuaresma, siendo para los demás, rostro cercano de la Misericordia del Padre.

Con mi oración, cariño y bendición.

En Cristo, nuestra Paz

Fuente: Conferencia del Episcopado Mexicano

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