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La parábola de la misericordia, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

La parábola de la misericordia, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

El Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, que dirige el arzobispo y reconocido teólogo Mons. Rino Fisichella ha publicado unos opúsculos para el Año de la Misericordia. En castellano han sido editados en un libro único. Uno de ellos está dedicado a Las parábolas de la misericordia. Recoge siete, todas ellas tomadas del Evangelio de san Lucas, el evangelista que leemos en el ciclo de lecturas de este año litúrgico. Los comentarios han sido redactados por Mons. Antonio Pitta.

La parábola de la misericordia, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de TerrassaUna de estas parábolas es la que leemos este domingo. Creo que se puede afirmar que todas estas siete parábolas son muy bellas y confortadoras, pero que una de ellas es “la” parábola de la misericordia: la del “hijo pródigo”, mejor llamada “la del padre misericordioso” (Lc 15,11-32). El libro que comento lleva un título que sorprende: “una compasión excesiva: el padre misericordiosos”. En realidad, la parábola transgrede de punta a cabo la ley de la distribución patrimonial vigente en tiempo de Jesús, revelando el amor del padre, un amor que –a la luz de la ley- cabe calificar como excesivo y sorprendente. El relato es una verdadera obra de arte. Apunto sólo algunos de sus aspectos.

Releamos la parábola con su riqueza y profundidad. Si del evangelio sólo nos quedara esta parábola, ya creo que tendríamos suficiente para confiar y amar a este Padre, que es Dios, explicado tan bellamente por el Hijo, que es aquel que conoce realmente al Padre.

Algunos comentaristas señalan la ausencia de la figura materna en la parábola. En realidad, puesto que el hilo conductor se refiere a la distribución del patrimonio familiar, este derecho/deber formaba parte de las competencias del padre y no de la madre. Pero los rasgos maternos están también reflejados en la persona del mismo padre.

El teólogo Henri Nowen, en su libro El retorno del hijo pródigo, comentando la famosa pintura de Rembrandt del mismo título, decía que el anciano padre, casi ciego, pone las manos en la espalda del hijo que retorna, acogiéndole, y que, si se observa atentamente esas manos del padre, se puede comprobar que una de ellas tiene rasgos masculinos mientras que la otra mano tiene unos rasgos claramente femeninos. ¡Un detalle genial del pintor, bellamente destacado por la fina sensibilidad del teólogo!

Me ha gustado mucho el subtítulo que se encuentra en el libro prologado por Mons. Fisichella: “El padre que sale dos veces de casa”. Sale para el hijo menor, y sale después para el hijo mayor. De uno y otro el padre “tiene compasión”, expresión que también encontramos en la parábola del buen samaritano. “La misericordia del padre con ambos es inconmensurable”, escribe Mons. Pitta.

Termino diciendo que las tres parábolas llamadas de la misericordia –el buen pastor, el ama de casa y el padre misericordioso- antes de ser interpretadas han de ser escuchadas desde el corazón de cada uno, “porque interpretan la vida de cada uno ante Dios”. No dudemos en confrontar nuestra vida con este padre que todo él es donación, gratuidad y compasión. Si lo hacemos, no hay duda de que estamos acercándonos al corazón mismo del Jubileo que ha convocado el papa Francisco.

El papa, en su libro El nombre de Dios es misericordia, cita estas palabras del beato Pablo VI en su Meditación ante la muerte, en la que revelaba el fundamento de su vida espiritual en la síntesis propuesta por san Agustín: miseria y misericordia. “Miseria mía –escribía el papa Montini- y misericordia de Dios. Que yo pueda al menos honrar a quien Tú eres, el Dios de infinita bondad, invocando, aceptando, celebrando tu dulcísima misericordia”

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa.

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