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Blog del exdirector Jesús de las Heras Opinión

La Palabra de Dios: Un manantial de agua siempre viva y nueva

La Palabra de Dios: Un manantial de agua siempre viva y nueva. En la fiesta de San Jerónimo, el gran difusor de la Palabra de Dios

Texto publicado el 29/9/2014 en la página web de la Editorial Verbo Divino, dentro de la sección “Septiembre, el mes de la Biblia”

http://www.verbodivino.es/web/Septiembre%20mes%20de%20la%20Biblia/2014/Jesus%20de%20las%20heras.jpg

Mi contacto más habitual con la Palabra de Dios es en la oración y, en mi condición de sacerdote y de párroco, el de la preparación de las homilías. Prácticamente nunca escribo las homilías. Sí suelo hacer un esquema, que luego guardo cuidadosamente, pero a cuyo archivo casi nunca regreso para rescatar o repetir la predicación. Y si alguna vez las circunstancias me han obligado o aconsejado a ello, las ideas escritas en aquel esquema siempre me han parecido viejas, palabras sueltas y sin alma, agua estancada, en suma.

Y es que, sí, me gusta y necesito el encuentro con la Palabra de Dios en el día y en la hora de cada día y de cada hora porque siempre la Palabra me dice algo nuevo, me interpela de manera distinta, me resuena de otra manera, me ayuda a responder y a entender mejor los signos concretos de cada tiempo y de cada momento. Basta con sea una frase, una idea, una construcción, un tiempo verbal, un personaje, una sugerencia, una intuición que percibo con ojos nuevos, una chispa de la gracia…: la Palabra de Dios es siempre para mí un manantial de agua viva y nueva. En ella, en la Palabra, es como si Dios, el Dios de los cristianos, estuviera mandándome y mandándonos un mensaje concreto y puntual, una ráfaga de luz, un suspiro de esperanza, un hálito de fuerza para el aquí y el ahora.

Lámpara para mis pasos, luz en mi camino, más dulce que la miel de un panal, brisa suave en horas de bochorno, descanso en medio de cansancio y la fatiga, elocuente susurro en medio del silencio, fuego y martillo que golpea la peña, agua que horada la piedra, lluvia que empapa la tierra, la fecunda y la hace germinar… Palabra viva y eficaz y más cortante que espada de doble filo, que penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas, y discierne pensamientos y sentimientos del corazón…

Manantial, sí, de agua siempre viva y nueva, que siempre me dice algo nuevo y bueno, que siempre llega a mí con el esbozo de una respuesta, el motor de una buena acción y la misteriosa, consoladora y certera presencia de un Amigo, que me acoge, me alumbra, me ama y me quiere transformar para que me sepa dar más y mejor a los demás.
Jesús de las Heras Muela
Director del semanario ECCLESIA y de ECCLESIA Digital



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