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La oración de Salomón, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

La oración de Salomón, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

Uno de los discursos más memorables que se recuerdan del papa Benedicto XVI es el que pronunció en el Reichtstag, el Parlamento federal alemán, el 22 de septiembre de 2011.

Vino a ser como una síntesis de su pensamiento sobre los fundamentos del derecho. Comenzó sus palabras citando un episodio de la Sagrada Escritura, del primer Libro de los Reyes 3, 5. 7-12: “En aquellos días, el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo: Pídeme lo que quieras. Respondió Salomón: Señor Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso? Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello y Dios le dijo: Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”.

 

Dios concede a Salomón pedir todo lo que quiera y éste no solicita éxitos personales, ni victorias bélicas para ampliar su poder, ni tampoco riquezas materiales, o una larga vida, o la eliminación de los enemigos. No, no pide nada eso. Al contrario, se siente incapaz de dirigir a su pueblo y por eso le pide al Señor el arte de saber escuchar y gobernar, de captar con objetividad la realidad de la vida, de las personas y de las cosas, de tener un juicio recto para saber discernir aquello que debe o no debe hacerse. Dirigir un pueblo es una misión de tal envergadura que cualquier líder, si tiene un mínimo de sensatez, por fuerza ha de sentirse abrumado y superado. Es imprescindible hacer un ejercicio continuo de realismo, porque gobernar no es un privilegio, ni un dominio, sino un servicio, y como servicio al pueblo es indispensable estar atentos a la compleja realidad de las personas, de todas las personas, para saber discernir, buscando siempre el bien común. Gobernar es trabajar al servicio de la verdad y la justicia.

 

El Santo Padre subrayó en ese discurso que la esencia y el sentido último de la actividad de los políticos y gobernantes radica sobre todo en el compromiso por la justicia, en la creación de las condiciones básicas para la paz, en trabajar al servicio del derecho y en combatir la injusticia. En momentos históricos de gran complejidad este deber se convierte en algo particularmente urgente; por eso es tan importante reconocer lo que es justo, por eso es tan decisivo distinguir entre el bien y el mal. El Papa acababa sus palabras refiriéndose al patrimonio cultural de Europa: Sobre el fundamento de la convicción de la existencia de un Dios creador, Europa ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, de la igualdad de todos ante la ley, de la inviolabilidad de la dignidad humana y del reconocimiento de la responsabilidad de los seres humanos por su conducta. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma, es decir, del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Un triple encuentro que configura su identidad.

Al joven rey Salomón Dios le concedió lo que pedía y mucho más. Lo mejor que podemos hacer hoy es pedir también un corazón sabio e inteligente al servicio de la justicia. Ese es el mejor camino para la construcción de la paz y el bien común.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa.

Foto: Benedicto XVI en el Reichtstag, Parlamento federal alemán, el 22 de septiembre de 2011.

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