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La muerte que da vida, por José Moreno Losada

jose moreno losada

La muerte que da vida, por José Moreno Losada, en el V aniversario de la asociación extremeña “Por ellos”

Hoy he celebrado la Eucaristía con miembros de la Asociación “Por Ellos”. Son padres de la región de Extremadura que se han asociado porque les une el dolor de la pérdida de sus hijos: los han visto morir y el duelo ha generado la vida de esta comunidad compasiva. Es uno de los signos sacramentales de los que estoy comulgado hace unos años.

El comienzo fue un día en que, movido por mi ministerio de Pastoral Universitaria, asistí al funeral de Pedro, un joven ingeniero químico que había terminado su carrera en la primera promoción de la misma. Su madre, Asun, era compañera de la Facultad de Educación en la que me muevo -aunque no nos conocíamos personalmente-, su padre, José María, lo era en la Escuela de Ingenierías. El sacerdote que iba a oficiar en el tanatorio no conocía a la familia ni el ambiente universitario que allí estaba acompañando, y me ofreció que yo presidiera dicha celebración. Allí pude compartir lo que la Palabra aportaba de luz y de consuelo en medio de aquel dolor desgarrador de la muerte del hijo único. A partir de ahí, Asun y José María me buscaron y comenzamos a charlar de vez en cuando. Ellos me hablaron de esta asociación de padres extremeños unidos por la muerte de sus hijos y me invitaron a que los acompañara algún día.

Una tarde de sábado en Esparragalejo –pueblecito de Badajoz donde nació y está la sede- fue suficiente para dejarme seducir por este tesoro. Compartí con ellos reflexiones teológicas de escatología a pie de calle pero, sobre todo, me abrí a sus experiencias y quedé asombrado por lo que ellos me revelaron que habían ido descubriendo en los duelos de sus hijos, así como en el compartir de esta comunidad. A partir de ese encuentro, he estado al tanto de todas sus actividades y procesos, su desarrollo en la ciudad de Badajoz.

Fue extraordinaria la edición del disco “Almas sonoras” recogiendo arte -canto y música-, sentimientos, palabras “por ellos”. Hoy han venido a nuestra parroquia –donde conectamos con ellos a través del Centro Escucha- a celebrar el quinto aniversario de su existencia como asociación de verdadera familia en el dolor y en la esperanza.

En la Eucaristía he gozado de una comunidad selecta, acompañada por uno de los mejores coros de la ciudad que han querido participar y regalarles la belleza hecha canto que habla de resurrección y esperanza, pero sobre todo he disfrutado del tesoro que podíamos poner en el altar. La homilía venía dada: Dios Padre, que ha visto morir a su hijo en la cruz, forma parte de esta asociación y la quiere. Ellos son sacramento de la compasión de Dios hecha presencia en la historia. Se lo he confesado sin temor: ellos me ayudan a creer en el Dios de Jesús de Nazaret, en la vida, en la esperanza de la resurrección… ¡ellos están sacando vida de la muerte! Por eso, cuando llegamos a la doxología, al “por Cristo, con Él y en Él”, les he pedido primero que dijeran los nombres de sus hijos, por los que ellos se mueven, y los hemos unido a Jesucristo –el hijo crucificado y resucitado-; el “por ellos” y el “por Cristo” se han fusionado en un grito de fe y abrazo al Padre, confirmado por un Padre Nuestro que nos ha conducido a la comunión del “Cristo glorificado”, en el que nos comunicamos con “ellos” divinamente.

Después hemos pasado al salón para compartir experiencias e inquietudes. Han homenajeado a la presidenta fundadora, Maribel, una mujer sencilla de un pueblecito que, al morir su hijo querido, se planteó de una forma radical que ese sufrimiento no sería inútil; así, comenzó a luchar para poder ir a las personas que estaban viviendo lo mismo para ayudarse en el duelo, acompañar, acoger, aliviar, compartir, sanar, consolar… y creó la estructura de esta asociación, como el grano de mostaza. Hoy, ya arbusto donde pueden venir anidar los que van sufriendo pérdidas filiales, participaban familias de más de quince pueblos de todas las zonas de Extremadura. Todo un misterio.

Los organizadores regalaron un plantón de encinas a cada familia con el nombre de sus hijos, con un lema de sentimiento profundo y verdadero: “Tus raíces están en nuestro corazón”. Pero, antes de darlas abrazando a cada familia, Asun proclamó como palabra de vida solemne lo que querían significar aquellos arbolitos que estaban comenzando a vivir, que cada uno sembraría en su casa y que les ofreció como oración limpia y última de los que aman con un corazón roto de dolor y ausencia, pero esperanzado y, sobre todo, compasivo como el de Dios:

LA ENCINA

El árbol es símbolo de la fuerza vital de la naturaleza que renace cada primavera, es también símbolo de la vida que se propaga desde su raíz oscura hasta sus verdes hojas.

La imagen del árbol no sólo expresa la fecundidad creadora sino también la unificación de la vida. En él celebran su eterna boda la tierra y el cielo y si este árbol es una encina, aún joven como ésta, simboliza ahora la paciencia, la constancia y la fidelidad como una promesa futura.

La última lección de vida que hoy nos da esta humilde encina es que la paciencia del amor es capaz de transformar el dolor de una pérdida entrañable en una actitud noble y generosa y una fidelidad sin límites a nuestros queridísimos hijos.

Ella será el símbolo de nuestra voluntad de servicio a los que sufren y la esperanza de un reencuentro glorioso.

(23 de Febrero de 2014 – V Aniversario de la Asociación “POR ELLOS”)

Maribel se ha emocionado especialmente al recibir este plantón y lo ha explicado. Tenía un dolor dentro de ella, porque un día su hijo llegó del colegio con una planta de encina con motivo del día del árbol. Ella se la dio a un vecino para que la pusiera en su tierra, y su hijo se disgustó mucho porque la quería plantar en su patio. Ella se recriminaba a sí misma no tener la encina de su hijo en casa, que sería como un símbolo vivo suyo; hoy, al ver que era una encina lo que se regalaba, lo recibía como un regalo de su hijo que, a través de esta asociación, se le hacía presente para que plantara ese árbol en su patio y se le quitara esa pena.

Los milagros sencillos de la vida y de la esperanza, así son las cosas de Dios y de la comunión de los santos.

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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