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La misionera Pilar Coll, fallecida el 15 de septiembre en Lima, un ejemplo “de persistencia en la esperanza por la justicia”

El pasado 15 de septiembre fallecía en la Clínica Centenario de Pueblo Libre, Lima, la misionera Pilar Coll del Instituto Misionero Secular. Ha sido enterrada en Lima, donde ha pasado los últimos años de su vida.

Pilar Coll Torrente, nacida en Fonz, Huesca, el 30 de enero de 1929, llegó a Lima en barco, una mañana de 1967, con el título de abogada y tras formar parte del Instituto de Misioneras Seculares (IMS), se convirtió en misionera laica.

Después de trabajar 10 años en Trujillo, se trasladó a Lima donde, desde 1978, ha estado visitando las cárceles de esta ciudad con el objetivo de ofrecer a los presos mejores condiciones de vida. “He vivido en carne propia el sufrimiento, esto de algún modo me marcó, y me marcó para no hacer distingos entre ideologías sino para defender los derechos de toda aquella persona que sufre y cuyos derechos son violados”, decía Pilar hace unos años en una entrevista.

La guerra interna que vivió Perú y que inició Sendero Luminoso en 1980 no le fue ajena y, al ver el sufrimiento de los más pobres, Pilar fue una de las creadoras de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, plataforma desde la que lideró, como su secretaria general, desde 1988 a 1993, una campaña por los desaparecidos y contra la pena de muerte.

En su labor de ayuda en las cárceles, Pilar reclamaba para las mujeres encarceladas que tuvieran visitas íntimas, acceso a los medios de comunicación, que pudieran usar teléfonos públicos; y a su vez, y con la misma energía, se enfrentaba a las líderes de grupos armados y a los responsables de las cárceles por no respetar los derechos de los trabajadores o de los mismos reos.

Según sus compañeros de la CNDDHH, Comisión nacional de Derechos Humanos de Lima, colectivo de 78 instituciones que defiende los derechos fundamentales, “Pilar Coll fue una peruana por adopción y por su amor a la defensa de los de los derechos de todas las personas, sin distinción alguna. Una extraordinaria y generosa mujer que se batió en defensa de la vida en los duros años 80, cuando sus propuestas eran atacadas tanto por violadores de derechos humanos desde el Estado, como por los mismos terroristas durante el conflicto armado interno… Aún, a los 83 años, con su bastón y su paso lento, participaba de todas las actividades en apoyo a los derechos humanos en Lima con valentía y voz muy alta”. Recordaban además “su labor pastoral en las cárceles, su compromiso por la verdad, y la justicia, sus batallas porque las víctimas recibieran reparaciones dignas. Son un ejemplo de resistencia, tenacidad y lucha. Pilar Coll es ejemplo de persistencia en la esperanza por la justicia, la dignidad y la verdad de todos los seres humanos. Estará presente entre nosotras siempre”. OMPRESS-LIMA (27-09-12)

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