Iglesia en España Nacional

La misionera María Digna Díaz, fallece a los 110 años

La misionera María Digna Díaz, fallece a los 110 años, en la víspera del DOMUND

La hermana María Digna Díaz, de las Religiosas de María Inmaculada, nos comunica el fallecimiento de una hermana suya de congregación, a la edad de 110 años. “La víspera del DOMUND el Señor nos quiso regalar con una intercesora más en el cielo… nuestra hermana María del Corazón Eucarístico, misionera hasta la misma entraña, amante de su Congregación y de la Iglesia… Testigo de la alegría del Evangelio hasta sus 110 años, emprendió el camino hacia la misión definitiva cuando la Iglesia en la India, a la que tanto amó, celebraba ya la Jornada del Domund”.

También ha querido compartir con OMPress un escrito de esta misionera española fallecida. Antes de ser religiosa se llamaba Jovita García Peláez, nacida en Francos de Tineo, Asturias, en 1904. Al hacerse religiosa adoptó el nombre de María del Corazón Eucarístico. Esta misionera recordaba lo que fue el camino que le llevó a descubrir su vocación:

“Me piden que escriba algo sobre mi vocación y la verdad que se me hace fácil, pues es repetir, como en todo llamamiento del Señor, su amor en haberme elegido y, al recordarlo, se acrecienta el amor y la gratitud.

Me parece todo muy sencillo… Yo era la más pequeña de cinco hermanas y un hermano. Cuando tenía 10 años mi hermana Matilde entró en un convento de Dominicas de clausura y después de diez meses regresó a casa pues había pasado fiebres tifoideas y creyeron que se recuperaría mejor en la casa. Al año siguiente mi hermana mayor, María Dolores, se fue al Noviciado de las Religiosas Cistercienses donde había ingresado una amiga suya. Un poco después mi hermana María del Sagrario con una prima y una amiga ingresaron en el Noviciado de las Clarisas y dos años más tarde mi penúltima hermana, María Hortensia con Matilde fueron al Noviciado de las Dominicas de San Sebastián.

Yo sentía que me iba quedando sola, pero no me atraía nada la vida religiosa y temía que el Señor me llamara, pues entendía lo grande que es la voluntad de Dios y la poca honradez del que no la sigue.

Mis padres no intervenían en nuestras decisiones. Pasé unos años disfrutando, pero en un viaje que hicimos una amiga y yo a Madrid conocimos a las Religiosas de María Inmaculada en la Casa Madre. Nos invitaron a ir los jueves al ‘roperito’ y luego a la escuela nocturna para dar clase de alfabetización a las chicas. También a unos Ejercicios Espirituales de cinco días. Ahí oí la voz de Dios y decidí seguirle. ¿Dónde? Me atraían las misiones y una amiga me animaba. Rezaba en el sepulcro de Vicenta María que sólo hacía 35 años que había muerto. Le pedí una prueba: ‘Si me concedes esta gracia para tal fecha es que me quieres en tu Congregación’. Me la concedió, y ella, después, sin yo esperarlo, me cumplió mis deseos de misiones.

La decisión estaba tomada. Yo no sentía atractivo por la vida religiosa. Llegó el día de irme al noviciado y en el camino pensaba: ‘si se descarrilara el tren, evitaba toda esta obediencia’… ‘perdóname Jesús’.

Llegué a Madrid. El 9 de octubre de 1928 tomé la toquilla y me sentí con tanta paz y gozo que me parecía oír: ‘estás donde yo te quiero’. Yo he considerado la palabra dada a Dios, como palabra que nunca rompería con su ayuda.

Hoy sigo dando gracias de haber vivido en esos tiempos en que se tomaba en serio la palabra, la promesa, el compromiso. Cuando se ve que yo lo decidí con el Señor y sin mirar que me cueste o no. Hoy cuando todo es fácil, cómodo… Esta fe ha sido la fuerza en mi vida larga que también ha tenido épocas un tanto duras, pero Dios ha sido fiel.

Yo he tratado de corresponderle esperando ahora el encuentro con Aquél amigo, Padre, Maestro de quien me he fiado y a quien espero seguir amando por toda la eternidad”.

 

OMPRESS-MADRID (29-10-14)

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email