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Opinión

La misión y los pobres: billete de vuelta de la JMJ Río 2013 – editorial Ecclesia

Editorial de la revista semanal ECCLESIA, 3 y 10-8-2013

Toda la Iglesia católica y la misma entera humanidad han podido contemplar, una vez más, el espectáculo de gracia, fiesta, siembra y  esperanza de lo que es y significa una JMJ. Con tres millones de participantes in situ, la XXVIII JMJ, más allá de problemas y descoordinaciones de organización –más o menos previsibles, más o menos inevitables-, ha entrado por la puerta grande de la historia reciente, tan viva y tan fecunda de las JMJ, quizás la principal iniciativa evangelizadora de la Iglesia de las últimas décadas. Y a esta historia viva y reciente, se ha sumado también la proverbial y tan entusiasta, maratoniana y agotadora presencia del Papa Francisco, un nuevo “ciclón” de lo Alto.

¿Qué nos deja esta JMJ 2013 Río? Nos deja un extraordinario magisterio del Santo Padre, que publicamos en su totalidad –excepto los discursos de los obispos brasileños y al comité de coordinación del CELAM, que, por su larga extensión y su naturaleza propia y tan rica, irán la próxima semana- en las páginas 16 a 46. La JMJ 2013 Río nos deja la impresionante figura ya aludida del Papa Francisco –más Francisco que nunca…-, su carisma, su cercanía, su afectuosidad, su interpelación constante, su don de gentes, su venero misionero y social, su impronta y su exigencia evangélica. Nos deja toda la fiesta, toda la magia, toda la inmensa acción evangelizadora, toda la plegaria, toda la música –la letra, dicho está, ha sido imprensionante- y todo el entusiasmo propios de las JMJ. Nos deja asimismo un inequívoco color, calor y sabor del sur… Y es que la JMJ 2013 Río ha sido carioca, brasileira, hispana y universal.

Pero creemos que, ante todo y sobre todo, la XXVIII JMJ, la JMJ 2013 Río, nos deja una llamada apremiante e inequívoca a ir a la misión y a servir a los pobres. La misión y los pobres, sí, son el billete de vuelta de Río. En uno de los múltiples discursos del Papa Francisco durante esta JMJ, hizo suyas estas palabras de la beata madre Teresa de Calcuta, que hablan por sí solas y nos avalan las anteriores afirmaciones: «Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las “favelas” en los “cantegriles”, en las “villas miseria” donde hay que ir a buscar y servir a Cristo».  Y añadimos por nuestra cuenta, seguros de no falsear ni el pensamiento del Papa ni el de madre Teresa, que también debemos ir a servir y a testimoniar la belleza y la grandeza de la fe a las periferias de los no creyentes, de los alejados, de los de los desencantados, de quienes miran a la Iglesia y al cristianismo con indiferencia o incluso aversión, de quienes sufren por las causas que sean –como sin ir más lejos los damnificados por el accidente ferroviario de Santiago de Compostela, a quien Francisco ha querido tener muy presentes en esta JMJ- y, por supuesto, de los jóvenes y de los ancianos, estos últimos también grandes, sorprendentes y certeros protagonistas del encuentro de Río.

¿E ir a la misión y a los pobres, cómo? Con alegría, sin miedos, sin prepotencias, al compás del pueblo santo de Dios, con entrañas de misericordia, en corresponsabilidad, en comunión, con el estilo del Buen Pastor y del Buen Samaritano. Ir a la misión y a los pobres como una Iglesia que huye de la autorreferencialidad, de los triunfalismos, de los sectarismos y de los derrotismos. E ir a la misión y a los pobres  -“la altura de una sociedad se mide en el trato que da a los más necesitados, a quienes no tienen más que su pobreza”- con una clara opción en pro de las periferias existenciales de nuestra humanidad y de nuestra misma Iglesia.

El sábado 27 de julio, poco antes de la hermosísima vigilia de oración de Copacabana, el Padre Francisco escribió en su cuenta de Twitter este significativo mensaje: “No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, cuando tantas personas están esperando el Evangelio”.

Cristo es la mejor y la mayor revolución del tiempo y de la historia. Poner a Cristo en nuestra vida es algo mucho más grande que el poder, el dinero, el éxito y la Copa del Mundo… Gracias sean dadas a Dios por esta JMJ y por el Papa Francisco.

 

 

 



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