En un lugar...

La meritocracia no es del Evangelio

«Trabaja duro y conseguirás lo que te propones» es, posiblemente, una de las frases más engañosas con la que nos inculcan el esfuerzo y el trabajo duro. Si nos paramos a pensar, ¡cuántas veces nos esforzamos en cosas que no salen! Por suerte, también se da lo contrario, cuántas veces nos encontramos con situaciones que no habíamos previsto y nos proporcionan grandes alegrías.

Además: eso del trabajo duro unido a la meritocracia es muy injusto. Muchísima gente se esfuerza hasta la extenuación para acabar en situaciones muy difíciles. El corazón me viaja a muchos que, durante años, han cruzado África de sur a norte para llegar a una Europa que parecía ser la tierra prometida y les ha recibido con cajas destempladas. También a muchos sanitarios que, impotentes, han visto cómo las vidas se escurrían sin poder hacer nada más.

En ámbitos menos ‘graves’: todos los fines de semana que hay fútbol, como mucho pueden ganar la mitad de los equipos. Cuando termine la liga, de los 20 que participan, solo uno quedará primero. El resto serán unos fracasados… aunque los otros 19 pueden disfrutar. Las notas de corte de la Evau dejan fuera de algunos estudios a muchos que podrían. Parecido en unas oposiciones.

¿Para qué entonces, sudar, si aun así es muy posible que fracasemos? Hace un par de semanas escuché al obispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo: «La sensación de fracaso siempre acompaña al soñador, ¡bendita sensación de fracaso!». También se lo leí a José María Rodríguez Olaizola en su último libro, En tierra de todos, en el que también dedica unas palabras al fracaso. ¿Qué sería del sacramento de la reconciliación sin nuestros fracasos?

A menudo, lo importante es estar en el momento y lugar adecuados. Además, por supuesto, aprovechar la oportunidad y tener suficiente flexibilidad como para cambiar tus planes y dejar que la vida te sorprenda. Sí, estoy hablando de la providencia, de que el «Dios proveerá» es radicalmente cierto. No, no estoy diciendo que no haya que trabajar duro. Muchos de los mejores fracasados no descansan porque son siervos inútiles. Con ser uno de ellos, me conformaría.

Print Friendly, PDF & Email