Carta del Obispo Iglesia en España

La luz brilla en las tinieblas, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

La luz brilla en las tinieblas, por Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

“La luz brilla en la tiniebla y la tiniebla no la recibió” (Jn 1, 5). Estas palabras del evangelista San Juan nos ayudan a entender el verdadero sentido de la Navidad. Jesús, el anunciado por los profetas y nacido del seno de María, vino al pueblo elegido para revelar la gloria y la salvación de Dios, pero los suyos no lo recibieron.

Esta misma revelación de la salvación de Dios, hoy se nos ofrece a todos los seres humanos con el nacimiento de Jesucristo, pero muchos prefieren vivir en las tinieblas y en la oscuridad, en el vacío interior y en la falta de sentido, antes de abrir la mente y el corazón para acoger su luz. Estos hermanos pretenden organizar su existencia y las relaciones con sus semejantes a partir de sus pocas luces y escasas fuerzas.

Estos esfuerzos culminan con frecuencia en amargura, desesperación o en simple resignación al experimentar la propia impotencia y al descubrir las muchas cosas que los humanos no podemos hacer ni conseguir con nuestras capacidades. Muchos se esfuerzan cada día con la esperanza de conseguir algo que nunca llega, sin pararse a reflexionar sobre aquello que puede proporcionar verdadero sentido a su existencia.

Todo esto podemos constatarlo y experimentarlo cada uno de nosotros, seamos creyentes o no, en lo más profundo del corazón y en la convivencia social. La tristeza, la fractura en las relaciones humanas y la falta de ilusión ante el futuro, son expresión fehaciente de la oscuridad o de las tinieblas con las que pretendemos convivir.

En medio de esta oscuridad, brilla una gran luz. Esta luz es una realidad viva y personal, es Jesús mismo, el Hijo de María y el Hijo de Dios. Las tinieblas, aunque han intentado por todos los medios ocultar esta luz desde los primeros momentos de su entrada en el mundo, no han podido conseguirlo.

Una vez que la luz es descubierta y tiene arraigo en el corazón humano, no hay fuerza externa que pueda extinguirla. El testimonio de tantos hermanos marginados, perseguidos y martirizados en nuestros días por dar testimonio de Cristo, verdadera luz del mundo, así lo confirma. Ellos, antes de perder el resplandor de la luz para caminar en medio de las oscuridades de la vida, están dispuestos a entregar la vida.

Esta luz, que brilla en nuestro interior, nos ofrece la certeza de que, en Cristo Jesús, Dios ama este mundo y ama a cada una de las personas que lo habitan, aunque rechacen o pretendan extinguir su luz. Esto quiere decir que, a pesar de todas las tinieblas y miedos que, en algún momento de la vida, pueden afectarnos a todos, somos amados por Dios y, por lo tanto, podemos dar a nuestra vida un sentido nuevo y verdadero.

Con mi bendición, feliz Navidad

Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

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