Opinión

La licuación de la sangre de san Jenaro

¡¡“Queridos amigos hago el gran anuncio:¡¡  también en este tiempo de coronavirus el Señor por intercesión de San Jenaro ha disuelto la sangre”!! Estas palabras fueron pronunciadas hace tres días por el cardenal Arzobispo Crescenzio, en la catedral de Nápoles, porque se repitió la licuación de la sangre del santo obispo y mártir San Jenaro.

La licuación de la sangre de San Jenaro es uno de los fenómenos religiosos del que más se ha escrito y especulado, miles de páginas dan testimonio de ellos. La historia y la leyenda piadosa no se contradicen ni se excluyen. En el siglo IX la cabeza y la sangre del santo obispo y mártir San Jenaro estaban  situadas en una pequeña capilla de la conocida como “stefanía” una iglesia situada en la plaza donde se levanta hoy el prodigioso Duomo. Carlos II de Anjou mandó edificar  esta prodigiosa catedral a principios del siglo XIV. Con toda seguridad se fabricó el relicario (teca) para guardar las dos ampollas que contienen la sangre del Santo solidificada habitualmente, hasta que se produce la licuación. Antes de que se levantase actas del hecho milagroso en 1569, se produjo el fenómeno según numerosos testimonios. Se narra que el año de 1528, durante una peste y  durante el cerco de Nápoles por los franceses no se produjo el milagro ni en mayo ni en septiembre, lo que fue considerado como una advertencia. Numerosos eruditos y escritores, nada sospechosos de crédulos e ingenuos, como Montesquieu, el anticlerical Voltaire, el gran novelista Alejandro Dumas, así como numerosos personalidades  civiles y eclesiásticas han dejado testimonio del llamado milagro de la licuación de la sangre de San Jenaro. Entre las personalidades cabe destacar el lugarteniente de Napoleón (José Bonaparte (1806), el rey Víctor Manuel I (1860), el príncipe heredero Humberto con su prometida María José (1931).

En el interior de la reliquia está la sangre del santo obispo mártir en dos frasquitos uno mayor y otro más pequeño: Estas ampollas son aplanadas y están tapadas. La mayor tiene unos 60cc de capacidad y la menor unos 25cc. La mayor tiene una masa negruzca, se supone sangre del mártir. La ampolla menor contiene algunos fragmentos de masa análoga. La licuación solo se produce en la ampolla mayor. Desde 1659 se levanta acta de lo ocurrido en cada exhibición de la reliquia. Firman esta acta el sacerdote celebrante y un delegado laico. Esto fue lo que anunció hace tres días   el Cardenal Arzobispo de Nápoles.

Fidel García Martínez,
Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología Románica

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