Cultura

“La Lechuga”, una custodia de orfebrería barroca en el Museo del Prado

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‘La Lechuga’, una joya de la orfebrería barroca de visita en el Prado

La custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá, expuesta hasta mayo

Tallada con cinco kilos de oro, 1.485 esmeraldas, diamantes, perlas y rubíes

Sobrevivió íntegra milagrosamente a tres expulsiones de jesuitas de Colombia

Casi cinco kilogramos de oro, un zafiro, 13 rubíes, 28 diamantes, 62 perlas, un topacio, 168 amatistas sin tallar y cuatro talladas y 1.485 esmeraldas de verde intenso de las que proviene su sobrenombre: ‘La Lechuga’, la custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá, es la nueva obra invitada del Museo del Prado. Esta pieza de orfebrería es una obra maestra de la historia del arte colombiano que por primera vez sale del país hispanoamericano y que podrá contemplarse hasta el 31 de mayo en la sala 18 A del Prado, con motivo de la presencia de Colombia como invitado especial en la recién concluida Feria de Arte Contemporáneo ARCO.

Ejecutada a lo largo de siete años, entre 1700 y 1707 por el orfebre de origen español José Galaz, que precisó la ayuda de dos asistentes, la custodia fue encargada por los jesuitas de Santa Fe de Bogotá para su iglesia de San Ignacio.

La pieza, que vivió algunos momentos inciertos y misteriosos a lo largo de sus más de tres siglos de historia, fue adquirida en 1985 para su Colección de Arte por el Banco de la República de Colombia, que ahora la presta al Prado.

Valor material y artístico

La figura de un ángel -estandarte de los jesuitas que se consideraban parte del ejército espiritual al servicio de Cristo en la tierra-, que recuerda a la figura del Atlas sosteniendo el mundo, sujeta un sol decorado con rayos mayores y menores rematados con perlas barrocas y que decora el viril que aloja la hostia. Tanto esta parte superior de la custodia como la peana están recubiertas por esas más de 1.700 piedras preciosas de forma que esta pieza de orfebrería “pone en relación las tradiciones prehispánicas con las tradiciones artísticas posteriores a 1492″, explica a RTVE.es el comisario institucional del proyecto, Javier Portús, jefe de conservación de pintura española (hasta 1700) del Prado, que añade que ese peculiar empleo masivo de piedras preciosas estaba muy vinculado a la tradición artística local del Nuevo Reino de Granada -actual Colombia-.

“Es una obra única por la combinación que hay en ella de riqueza material, pero, sobre todo, de maestría técnica. Esa manipulación maestra de la forma lo que crea es una obra a la que nos dirigimos con sobre todo con gesto de asombro”, asegura Portús.

El comisario resalta la paradoja de que ese uso pródigo del oro y las piedras preciosas en su ejecución estética consigue “una desmaterialización de la obra a través de la luz, el movimiento y el color”, algo “no muy habitual” en ese tipo de orfebrería durante el siglo XVIII. Esto, a su vez, permite integrar “perfectamente” esta pieza religiosa en la sala 18 A del Prado, que reúne las grandes pinturas del barroco madrileño de Claudio Coello, Francisco de Herrera el Mozo y José Antolínez, cuyos personajes también se “desmaterializan” a través de la luz, el color y el movimiento.

La ‘milagrosa’ supervivencia a tres expulsiones jesuitas

Pese a que Colombia sufrió tres expulsiones de los jesuitas a lo largo de la historia -en 1767, cuando Carlos III promulgó la expulsión general de la orden del territorio hispánico, y en 1858 y 1861, ya como país independiente-, la custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá ha llegado intacta al siglo XXI, lo que Portús califica de “milagro”.

“Las piezas de orfebrería son especialmente sensibles a los vaivenes políticos porque con mucha frecuencia acaban desmembradas y fundidas, buscando su valor material sobre su valor artístico y simbólico. En este caso, milagrosamente la pieza se salvó. Se desconoce exactamente cómo y porqué fue custodiada y volvió a parecer a fines del XIX, cuando se normalizaron las relaciones entre Colombia y la compañía”, explica el comisario.

Tras ese periodo incierto, en el que se dice que nunca salió del país, ‘La Lechuga’ volvió a exhibirse en la iglesia de San Ignacio de Sante Fe de Bogotá y, desde 1985, en el Museo de Arte del Banco de la República. Ahora, por primera vez, esta joya del barroco sale de Colombia para disfrute de los visitantes del Museo del Prado.

 

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