Devolución de la lápida
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La lápida del «rexidor» vuelve a su lugar

Lápida busca su etimología en el latín lapis, que significa piedra. Es el material del que está hecha la del rexidor Gerónimo de Castro y Mendoza, un personaje de cierta importancia en el siglo XVI leonés, la suficiente como para que, a su muerte, gozara de sepultura en la iglesia más antigua de la ciudad, la de Palat del Rey. Un templo fundado en el siglo X con planta mozárabe, y conocido por ser el lugar de enterramiento del rey Ramiro II de León. Un pequeño edificio situado en el corazón de León, en pleno barrio Húmedo.

Lo importante de esta lápida es que ha resistido el paso del tiempo, a diferencia de muchas otras que  compartieron templo. No es tarea sencilla porque está hecha de arenisca, un tipo de piedra muy común en la zona pero que se deshace más fácil que otras. En los años 80, se realizaron intervenciones arqueológicas para restaurar el templo, y una de las medidas fue la de tratar de resaltar su planta original. Para ello había que quitar las lápidas. Y una, la de Gerónimo de Castro, tuvo un extraño destino. «En vez de conservarla por parte de Patrimonio o llevarla al Museo Arqueológico, se entregó a la Diputación de León. Ha sido hace poco cuando contactaron con nosotros al darse cuenta de que estaba ahí», explica Máximo Gómez, delegado de Patrimonio de la diócesis.

La solución por  parte del obispado fue acogerla en la iglesia de la que provenía originalmente, pero en otro sitio. «La hemos colocado, dignamente y protegida, en un paramento en el exterior del edificio», explia Gómez.

Un centro cultural-religioso

A raíz de su restauración, Palat del Rey se consolidó como un centro cultural-religioso. Ya en los años 60 había acogido alguna exposición artística, pero a partir de los años 90 se ha ido convirtiendo en uno de los lugares turísticos de la ciudad, explica Gómez. Antes de la pandemia, tenía entre 50 y 70 visitantes cada día.

Aparte de sus exposiciones y sus actos culturales, la arquitectura de este templo resulta interesante. Su cúpula central con dos ábsides en herradura, típicos de la época mozárabe, todavía se pueden apreciar.

La historia del s.XX de esta iglesia  es azarosa. Fue durante muchas décadas anexaa la parroquia de san Martín, y acogió grupos de Acción Católica o de jóvenes.  En los años 20 comenzaron las primeras excavaciones, que no se continuaron hasta los 80. Y, aunque se encontraron restos romanos, estos no eran tan relevantes como el templo, motivo por el que se decidió, finalmente, su restauración.

Ahora, más de treinta años después de aquella intervención, una parte de la iglesia vuelve a ella… aunque haya sido puesta, o expuesta, en otro lugar del edificio, desde finales del pasado mes de agosto.

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