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La Junta de Myanmar confisca radios para silenciar las emisiones del gobierno en las sombras

La junta militar de Myanmar está confiscando todas las radios y restringiendo su importación, dado que el gobierno en las sombras ha creado su propio canal de radio. Los miembros de la Liga Nacional por la Democracia (el partido de Aung San Suu Kyi destituido en el golpe de Estado del primero de febrero) que formaron el Gobierno de Unidad Nacional transmitieron su primer programa radial el 20 de agosto. Con frecuencia diaria y una duración de 30 minutos, el programa sale al aire a las ocho de la mañana y a las ocho de la tarde.

Varios testigos vieron cómo las tropas del régimen asaltaban las tiendas de electrónica en un centro comercial de Rangún para llevarse todas las radios. Según fuentes del sitio web independiente The Irrawaddy, la policía y los líderes de las aldeas recibirán instrucciones para confiscar los equipos electrónicos de los ciudadanos. En abril, el Tatmadaw (el ejército birmano) confiscó las antenas de satélite para limitar el acceso de la población a las noticias independientes de los opositores a la Junta.

Mientras tanto, según la Asociación de Ayuda a los Presos Políticos (AAPP), más de 1.000 personas fueron asesinadas por el régimen desde el primero de febrero. “Hemos visto una escalada en términos de ataques violentos y arbitrarios por parte de la junta militar”, se lee en un comunicado de la AAPP. “Al principio, los militares utilizaron balas de goma y gases lacrimógenos. Como no se consiguió la sumisión de la población al poder dictatorial, en el mes de marzo comenzó una campaña de terror”. Más de 7.400 personas fueron detenidas por el Tatmadaw (el ejército birmano) y al menos 106 murieron como consecuencia de las torturas infligidas por los soldados.

Según el último informe de Human Rights Watch, la violencia del ejército birmano contra la población equivale a crímenes contra la humanidad. En los últimos seis meses hubo detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, violaciones y otros actos de violencia sexual, torturas y graves hechos de privación de la libertad. No se trata de hechos de violencia genéricos infligidos por soldados individuales, sino de acciones cometidas por una organización estatal de forma consciente, sistemática y generalizada, contra la población civil.

Mientras tanto, la tercera ola de Covid-19 hace estragos en el país. Según los expertos de Salud de Myanmar, en las próximas dos semanas al menos la mitad de la población (de 55 millones de habitantes) se habrá infectado con la variante alfa o delta. Otras estimaciones advierten que la población podría reducirse considerablemente como consecuencia de la pandemia. Según Mary Callahan, profesora de la Escuela de Estudios Internacionales Henry Jackson que lleva más de 30 años trabajando en Myanmar, “algunos enfermos de Covid mueren en la puerta de los hospitales que los rechazan. Sin duda, no se los somete a pruebas diagnósticas: tienen certificados en los que probablemente se lee que “la causa de la muerte” fue una  “neumonía” . Según los pocos testimonios que logran obtenerse, la población no puede acceder a tanques de oxígeno, porque están en manos de los militares.



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