Rincón Litúrgico

La imagen y la inscripción

«¿De quién son esta imagen y esta inscrpción?» (Mt 22, 20)

Padre nuestro que estás en los cielos, sabemos que Jesús responde con esa pregunta a los fariseos y los herodianos que le interrogan sobre la licitud de pagar o no el tributo al Imperio Romano.

La moneda que le presentan tiene la imagen y el nombre del emperador. Jesús interpreta que le pertenece. Pero añade que es preciso dar a Dios lo que le pertenece

Hoy se discute la licitud o la necesidad de entregar a los gobernantes lo que pertenece al bien común. Pero no se dedica tanta atención a dedicar a Dios lo que es de Dios. Algunos niegan la existencia de Dios y otros le niegan el derecho a reclamar algo de los hombres.

En realidad, ya no se sabe qué imagen está grabada sobre nuestro ser y nuestro actuar. No nos atrevemos a preguntarnos qué inscripción determina nuestra pertenencia.

Así pues, Padre, vengo ante ti con temor y vergüenza. Yo sé que he sido creado a tu imagen y semejanza. Sin embargo, me pregunto si mis hermanos pueden ver en mí tu imagen y la inscripción que recuerda que te pertenezco.

Con demasiada frecuencia descubren en mí otras imágenes que no son la tuya. Han comprendido que poco o nada indica que te pertenezco. Por desgracia, no siempre dejo ver tu imagen en mis proyectos y en mis actitudes.

Hoy reconozco que Jesús, tu hijo, al verme se hará la misma pregunta: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Me horroriza pensar que sus palabras no sean solamente una frase retórica ante los que, también hoy, tratan de tenderle una trampa.

Será signo del fracaso de mi existencia que Jesús se pregunte de qué o de quién he llegado a ser la imagen. Será muy triste si Cristo no puede ya leer la inscripción que debería manifestar que te pertenezco de verdad a ti y solo a ti

Padre nuestro, he sido creado a tu imagen. Recuérdame que vengo de tu amor y que a tu amor tengo que ser devuelto. Amén.

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