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La Iglesia reza el 2 de noviembre por los fieles difuntos: «Peregrinos hacia el cielo, todo es gracia»

Rezar por los difuntos es tan antiguo como la misma Iglesia. En la edad media se generalizaron las misas ofrecidas como «sufragio» por los difuntos, pero fue en el siglo X cuando un monje benedictino, san Odilón, en Francia, comenzó a celebrar la misa en un día concreto, el 2 de noviembre, pidiendo por todos los difuntos. A partir del s. XVI, esta fecha fue adoptada para toda la Iglesia de rito latino.

En torno al día de la conmemoración de todos los fieles difuntos vamos al cementerio, rezamos por ellos y adornamos con flores el lugar donde están sepultados. Así lo ha recordado este 2 de noviembre el secretario general de la CEE, Luis Argüello, obispo auxiliar de Valladolid. «La memoria dolorida y agradecida de nuestros difuntos adquiere un significado nuevo, lleno de esperanza, cuando se abre a la Vida eterna», expresa el prelado a través de Twitter.

Una conmemoración de gran calado en el pueblo cristiano

Ramón Navarro Gómez, director del secretariado de la Comisión Episcopal para la Liturgia, explica que esta conmemoración ha calado profundamente en el pueblo cristiano.

En España hay diversas costumbres asociadas a estos días. Sobre todo, destaca la más sencilla: en torno al día de la conmemoración de todos los fieles difuntos visitamos las tumbas de los que nos son más cercanos. Vamos al cementerio, rezamos por ellos, adornamos con flores el lugar donde están sepultados, etc. Vivimos así, en lo personal, a nivel de sentimiento y devoción, lo que celebramos con toda la Iglesia.

Bien es cierto que hay una pequeña –o gran– confusión. Como el día dos de noviembre, por lo general, es laborable, se suele visitar el cementerio el día anterior, coincidiendo con la solemnidad de Todos los Santos, que es festivo -y, además, «de precepto»–.

Muchas veces, por comodidad, se celebra la misa en el camposanto en ese día, facilitando de esa manera la participación de los fieles. Lógicamente se celebra la misa de Todos los Santos, eso sí, pidiendo por los difuntos. Esto ha provocado que muchas veces asociemos la visita de los cementerios con la festividad de todos los Santos.

Pero conviene que tengamos presente que son dos celebraciones distintas, que nos ayudan a estar en comunión con la Iglesia entera, que es una realidad mucho más grande que los fieles que peregrinamos todavía en este mundo camino de la casa del padre.

El don de la Indulgencia a los fieles difuntos

La Iglesia enriquece la visita al cementerio con el don de la Indulgencia. Visitar el cementerio entre el día 1 de 8 de noviembre lleva consigo la Indulgencia Plenaria, que significa que la pena merecida por la consecuencia del pecado se perdonan completamente.

Este año, la Penitenciaría Apostólica, igual que hizo en 2020, ha hecho público un decreto para ampliar a todo el mes de noviembre las indulgencias plenarias para los fieles difuntos ante la actual situación de pandemia.



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