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López Obrador, en su intervención virtual en la Cumbre del G-20 celebrada este fin de semana / Presidencia de la República.
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La Iglesia mexicana insta al gobierno a dar marcha atrás en su proyecto de legalizar el cannabis

México ha superado esta semana las 100.000 muertes por COVID. Pero esta no parece ser la principal preocupación del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuya gestión sobre la pandemia se ha limitado prácticamente a recomendar a los ciudadanos lo que deben hacer o no. Tampoco parecen serlo los asesinatos vinculados a los carteles de la droga y a la corrupción, que siguen batiendo récords independientemente de quién esté en sillón presidencial. Sus prioridades parecen ser otras. Y tan distintas, que cualquiera las tomaría por cortinas de humo para distraer la atención de los verdaderos problemas. Hace unas semanas su máximo empeño era conseguir una declaración oficial de perdón por la conquista. Y ahora lo que parece quitarle el sueño es que los mexicanos no puedan consumir marihuana de manera legal.

Este 19 de noviembre, el Senado aprobó un dictamen que pretende legalizar el uso recreativo y la comercialización del cannabis, del cáñamo y sus derivados. La iniciativa, emprendida sin debate alguno, pasa ahora a la Cámara de Diputados donde debe continuar su curso legislativo.

Los obispos han expresado su rechazo a esta propuesta en una declaración del domingo día 22, en la que piden a las autoridades que desistan de su pretensión de legalizar la marihuana para «uso lúdico», es decir, ajeno al de combatir las enfermedades. «La iniciativa aprobada –denuncian— no atiende los daños a la salud surgidos por el consumo cada vez mayor de la marihuana, no atiende los efectos en las familias, por los jóvenes que consumen drogas, tampoco contribuye a inhibir y reducir la exposición a sustancias estupefacientes».

La Conferencia Episcopal (CEM) recuerda que los profesionales de la salud y antiguos consumidores dan fe de que la marihuana y otros productos psicoactivos derivados del cannabis, «en cualquier cantidad y presentación» que se tomen, reducen significativamente «el dominio sobre las propias acciones, y ponen al consumidor en situación de riesgo grave para sí y para otros». De ahí que los prelados exhorten a jóvenes y adolescentes a «no dejarse llevar por la permisividad levantada por estas normas que permiten narcotizar a la ciudadanía».

«Se abandona una política de promoción y protección de la salud por satisfacer los intereses de unos pocos»

El episcopado advierte también en su pronunciamiento —titulado «La cultura del descarte se hace presente en la iniciativa de legalización de la marihuana para recreación. Nuestra libertad se realiza en el bien común»— que si se consuma la legalización habrá «mensajes publicitarios invitando a convertirse en productores y consumidores», y los ciudadanos tendrán que ser muy prudentes para no caer ni en el consumo ni en el negocio que busca lucrarse poniendo en riesgo la salud del prójimo.

La Iglesia mexicana considera que, al legislar en esta materia, de está dando un salto cualitativo que va más allá de poner reglas y condiciones al uso de la marihuana. «Lo que vemos más bien —dice— es un cambio sustancial en nuestra capacidad de ser solidarios y pensar en el bien de los demás como un bien para nosotros mismos. Se abandona una política de promoción y protección de la salud por satisfacer los intereses de unos pocos. La salud y el bien común dejan de constituir un bien prioritario, y ceden su lugar a los gustos de individuos aunque pudieran causar un daño a terceros. Importaron más los reclamos de libertad sin responsabilidad de algunos pocos, por encima del bien general de la salud».

Los obispos ven en lo que está sucediendo «una señal de una política de estado que ignora al débil y descarta a quienes deberían ser tutelados». «La legalización de un estupefaciente, sea este u otro, —dicen al respecto— significa voltear la vista e ignorar las necesidades reales de la sociedad, y más aún en el contexto actual de la pandemia de COVID-19, la crisis económica y la crisis de inseguridad».

Y avisan: «Ahora se habla del cannabis. Mañana serán otros temas en los que unos pocos pueden afectar al bienestar de todos».



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