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Iglesia en España

La Iglesia jerárquica, por el obispo de Segovia

El obispo de Segovia, Ángel Rubio Castro, escribe en su carta para este domingo, 10 de marzo de 2013, sobre la Iglesia jerárquica

En esta hora providencial que vive la Iglesia conviene recordar su misterio autentico que debe enfocarse desde las alturas de la Santísima Trinidad porque es una creación de Dios de tipo especial. La Iglesia es un fenómeno humano-divino. Una sociedad divina por su origen y fin sobrenatural y humana por sus miembros.

El capítulo III del documento sobre la Iglesia (Lumen Gentium) del Concilio Vaticano II lleva por título “la constitución jerárquica de la Iglesia”, es el más amplio de toda la constitución y está en íntima conexión con el capítulo anterior sobre “El pueblo de Dios” de forma que el capítulo comienza afirmando que “para apacentar el pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Señor instituyó en su Iglesia diversos ministerios” (LG 18).

La Iglesia no es sólo una corriente de ideas sino también una sociedad organizada. Solo que su estructura interna no se deduce por explicaciones filosóficas o sociológicas sino por el testimonio de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Cristo, al instituir a los Doce, “formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él” (LG 19). “Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles” (LG 22).

La jerarquía de la Iglesia fue instituida para asegurar al pueblo de Dios su dirección pastoral y sus medios de crecimiento. Los obispos se unen íntimamente con el Sucesor de San Pedro y todos entre sí, para realizar las esplendidas tareas que les han sido confiadas: iluminar con la luz del evangelio, santificar con los instrumentos de la gracia y regir con el arte pastoral a todo el Pueblo de Dios.

La doctrina presentada en este capítulo no es totalmente nueva. El mismo Concilio indica que se siguen “las huellas del Vaticano I”; sin embargo, acentúa dos aspectos bastantes novedosos, a saber: la sacramentalidad y la colegialidad del episcopado. Son dos aspectos sobre los cuales el Vaticano II se pronuncia abiertamente.

Esta es la doctrina que el Concilio nos ofrece sobre la sacramentalidad del episcopado: (1) Los Obispos son por institución divina, sucesores de los Apóstoles, en su condición de pastores de la Iglesia. (2) El Episcopado es sacramento, que confiere la plenitud del Orden, o más bien el Orden pleno. (3) La consagración episcopal vincula al consagrado al Colegio episcopal, a condición de que esté en la “comunión jerárquica”. (4) El Obispo recibe en la consagración episcopal “con el poder de santificar, misión también o poder de enseñar y regir, las cuales por su misma naturaleza sólo pueden ejercerse en comunión jerárquica con la Cabeza y los miembros del Colegio episcopal” (LG 21).

En cuanto a la cuestión de la colegialidad episcopal tan debatida en el Concilio, éstos son los aspectos esenciales que contiene el texto conciliar: (1) Jesucristo encomendó las tareas de predicar, santificar y regir, es decir, la misión mesiánica, a los Doce presididos por Pedro: Colegio apostólico. El Episcopado, presidido por el Papa, en cuanto que es sucesor formal del Apostolado; ha recibido una misma misión: Colegio Episcopal. Hay por tanto un paralelismo entre ambos colegios. (2) Un Obispo queda integrado en el Colegio episcopal: a) por la consagración sacramental y b) por la comunión jerárquica con el Papa y con los demás Obispos. (3) El Colegio episcopal está integrado por el Papa, como Cabeza, y los Obispos como miembros. Pero, a diferencia de otros Colegios, la Cabeza de este Colegio tiene verdadera autoridad sobre cada uno de los miembros y sobre el conjunto de ellos. Por tanto no puede haber conflicto entre el Papa y el Colegio Episcopal, porque el Colegio siempre incluye al Papa. No hay Colegio sin Papa, es decir, sin cabeza. (4) Por tanto, el Obispo no es, ni puede ser, un simple jefe espiritual de su Diócesis. El Obispo viene a condensar en un determinado territorio a la Iglesia Universal. San Cipriano tiene esta frase gráfica: «El Episcopado es uno, del cual cada Obispo participa solidariamente». Muchos obispos, pero un Episcopado.

Aunque la mayor parte del texto conciliar se dedique al episcopado no podía faltar la referencia a los sacerdotes y a los diáconos puesto que el título de todo el capítulo es la estructura jerárquica de la Iglesia y éstos forman parte de la misma.

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                                                        Obispo de Segovia

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