Editoriales Ecclesia

La Iglesia, experta en aliviar la soledad con cercanía y escucha

Este año la Campaña del Enfermo, entre el 11 de febrero y el 17 de mayo (IV Domingo de Pascua), tiene por tema central «acompañar en la soledad», una verdadera epidemia en nuestro país. Según el Instituto Nacional de Estadística, se estima que en España hay 4,7 millones de hogares unipersonales. Dos millones de personas mayores de 65 años viven solas. Más de 850.00 mayores de 80 años viven solos y muchos presentan problemas de movilidad. Solo estas cifras son un dato preocupante. Si además sumamos, entre otras formas de soledad, la de quienes están ingresados en los hospitales o la de las familias con miembros con una enfermedad mental grave, por ejemplo, lo urgente y necesario es buscar el modo de aliviar tanta soledad.
La soledad se convierte en epidemia silenciosa de tal manera que Gran Bretaña nombró en 2018, y por primera vez en su historia, a un «Ministro para la Soledad», porque para la líder del Partido Conservador británico Theresa May era «la triste realidad de la vida moderna». En España somos urgidos a acompañar los verdaderos problemas sociales, y más cuando las cifras son alarmantes.
La respuesta de la Iglesia a tanta soledad que encontramos a nuestro alrededor no puede ser otra que la del amor y la fraternidad. Bien sabemos que la persona puede estar rodeada de mucha gente y, sin embargo, sentirse muy sola. Y, al revés, hay personas que están solas y no tienen la experiencia de la soledad. Por eso, el alivio se centra en las relaciones humanas de cercanía, con oídos atentos que escuchan y acogen. En esto la Iglesia es experta y necesita más esfuerzos para «cambiar los hábitos pastorales para responder a la presencia de tantas personas mayores en las familias y en las comunidades», hombres y mujeres que especialmente se sienten solos, los verdaderos descartados de nuestra sociedad.

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