Internacional

La Iglesia en Polonia y la acogida de los refugiados

La Iglesia en Polonia y la acogida de los refugiados

El reverendo Pawel Rytel-Andrianik, portavoz de la Conferencia Episcopal de Polonia,  país al que se desplazará el Santo Padre el próximo 27 de julio en ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, ha informado recientemente del estado de la acogida a los refugiados en esa nación en la situación actual de crisis migratoria que ve como protagonista principal al continente europeo. Reproducimos un breve resumen de su informe.

Polonia no se encuentra en la ruta principal de los flujos migratorios en Europa, ni tiene conexiones directas con las principales rutas de migración a Europa (Mediterráneo oriental, central y occidental) que atraviesen el territorio polaco. Existe la llamada ruta oriental europea  que no es muy usada  y  tiene sobre todo repercusiones locales. En 2015 se presentaron  en Polonia 12.325 solicitudes de asilo. La mayoría eran de  ciudadanos de la Federación de Rusia (chechenos) 7.989, ucranianos (2.305) y de otros países, por ejemplo: Georgia (394), Siria (295) Armenia (195). De ahí que los problemas no sean los mismos que se presentan en la mayor parte de los países miembros  de la UE. En el primer trimestre de 2016 se presentaron 2.627 solicitudes de asilo. Aparte de las dos nacionalidades principales anteriormente mencionadas, es oportuno citar las solicitudes de Turquía (kurdos) y de Tayikistán (300).

Polonia es un país homogéneo desde el punto de vista étnico. El fenómeno de la inmigración en general (en particular de los refugiados y desplazados) es nuevo, diferente, y  extraño para el polaco medio. Por esta razón, aunque según las estadísticas oficiales los extranjeros que residen legalmente en Polonia son el  0,4%,  de la población, hay grandes temores. El motivo hay que buscarlo  en la ausencia de debate público, en la complicada materia  de la ley y de  los procedimientos de migración, en la insuficiente involucración de los organismos gubernamentales y de las organizaciones no gubernamentales etc…Tampoco hay un programa sistemático que instruya a los polacos sobre la diversidad basada en la religión, la raza, la cultura etc.., si bien existan algunos programas en ámbito local o destinados a grupos específicos como a los agentes de  la policía o de fronteras.

Gracias a la generosidad de los católicos polacos ha sido  posible ayudar a los refugiados procedentes , entre otros países, de Sudán, Nigeria, Egipto, Líbano, Siria e Irak. Desde 2009 los obispos  polacos organizan en sus diócesis  recaudaciones de fondos para los refugiados de cualquier credo.  Así, los católicos en Polonia han recogido sólo en 2014 más de 5 millones de zloty (1,2 millones de euros) a favor de los refugiados y  la Caritas polaca actualmente ayuda a unas 3.000 personas procedentes de África, Europa del Este y otros migrantes.

Poco después del llamamiento lanzado por el Papa Francisco en el ángelus del 6 de septiembre para que cada parroquia, cada convento y cada santuario en Europa acogiera a una familia de refugiados durante el Jubileo, la Presidencia de la Conferencia Episcopal Polaca escribía: “La Iglesia Católica en Polonia, llamada a prestar ayuda a  otras personas, de  manera particular durante el Año de la Misericordia, hará todo lo que esté en su poder para ayudar a los refugiados en su difícil situación” y  confiaba  a Caritas Polska la responsabilidad  de la organización y coordinación de las iniciativas relativas a la ayuda a los refugiados a nivel diocesano, a través de las Cáritas diocesanas. Al mismo tiempo recordaba  la responsabilidad de las autoridades nacionales a la hora de  garantizar la vigilancia, la seguridad y los  servicios básicos para los refugiados.

El 30 de junio 2016  en  la sede de la Conferencia Episcopal se firmaba  el Mensaje de las Iglesias Cristianas en Polonia con respecto a la solución del problema de los migrantes, en el cual se decía:”No deberíamos perder de vista que  la razón principal de la crisis migratoria actual son  las guerras en  Medio Oriente y África.  De ahí brota la necesidad de rezar por la paz, de continuar los esfuerzos de mediación y de apelar incesantemente a la conciencia de los gobernantes. Muchas personas se han quedado en sus propios países, y allí esperan que nuestra ayuda  llegue directamente a  las regiones afectadas. Al mismo tiempo, debemos acoger a aquellos que han decidido dejar la tierra de sus antepasados. Pedimos a los fieles de nuestras iglesias que recen y ayuden  a los necesitados. No podemos abandonar la búsqueda de soluciones a la crisis en curso”.

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