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La Iglesia defiende la importancia del trabajo del campo

El Papa ha dirigido un mensaje a los participantes en la sesión del Consejo de gobernadores del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), que este año celebra su treinta y seis aniversario.

El Santo Padre elogia la metodología seguida por el FIDA, “que antepone el desarrollo continuo a la sola asistencia, aúna la dimensión del grupo a la individual, hasta prever formas de donaciones y préstamos sin intereses, eligiendo a menudo como primeros destinatarios a “los más pobres entre los pobres”. Esta acción muestra que una lógica inspirada en el principio de gratuidad y la cultura del don puede “encontrar espacio en la actividad económica ordinaria” (“Caritas in veritate”).
“El criterio adoptado por el Fondo, de hecho, une la eliminación de la pobreza no sólo a la lucha contra el hambre y a garantizar la seguridad alimentaria, sino también a la creación de oportunidades de trabajo y de estructuras institucionales y de toma de decisiones. Es bien sabido que cuando estos factores no están presentes, se restringe la participación de los trabajadores rurales en las decisiones que les afectan y, en consecuencia, se acentúa en ellos la creencia de que están limitados en sus capacidades y su dignidad personal.”
“En este ámbito se pueden apreciar dos directrices específicas llevadas a cabo por la Organización. La primera es la constante atención a África, donde, apoyando proyectos de “crédito rural”, el Fondo tiene como objetivo dotar de recursos financieros exiguos, pero esenciales, a pequeños agricultores, y hacerles protagonistas de la fase de toma de decisiones y de gestión.”
“La segunda directriz es apoyar a las comunidades indígenas, que ponen una especial atención en la preservación de la biodiversidad, reconocidas como bienes preciosos que el Creador pone a disposición de toda la familia humana. La salvaguardia de la identidad de esos pueblos debe continuar, reconociéndoles el papel insustituible en el conocimiento de los saberes tradicionales.”
“La Iglesia católica en su enseñanza y en sus obras siempre ha sostenido la centralidad del trabajador de la tierra, llamando a la acción concreta a través de la acción política y económica que lo afecta. Es una posición que está en sintonía con lo que está realizando el Fondo para calificar a los agricultores, como individuos o grupos pequeños, haciéndolos protagonistas del desarrollo de sus comunidades y países. La atención a la persona, en la dimensión individual y social, será más eficaz si se lleva a cabo a través de las formas de asociaciones, cooperativas y pequeñas empresas familiares que sean capaces de producir unos ingresos suficientes para garantizar un nivel de vida digno.”
El Papa termina refiriéndose al próximo Año Internacional que las Naciones Unidas han decidido dedicar a la familia rural, a causa de un concepto profundamente arraigado y saludable del desarrollo agrícola y la lucha contra la pobreza, centrada en esta célula fundamental de la sociedad. “El FIDA, por experiencia, sabe que el corazón del orden social es la familia, cuya vida está regulada, incluso antes de por las leyes de un Estado o por las normas internacionales, por los principios morales incluidos en el patrimonio natural de los valores que son inmediatamente reconocibles también en el mundo rural. Estos principios inspiran la conducta del individuo, la relación entre los cónyuges y entre las generaciones, el sentido de compartir. Negar o ignorar esta realidad equivale a socavar los cimientos, no sólo la familia, sino de toda la comunidad rural, con consecuencias cuya gravedad no es difícil predecir”, afirma Benedicto XVI.

 

Ciudad del Vaticano, 13 febrero 2013 (VIS).-

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