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La Iglesia de los enfermos y los discapacitados, por José Moreno Losada

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La Iglesia de los enfermos y los discapacitados, por José Moreno Losada

No puedo despegar mis ojos de aquella escena: la plaza de San Pedro habitada por una muchedumbre alegre, con algazara y vivas imparables a la nueva figura del pastor que, en la sencillez de Francisco, presenta un mensaje –que no es suyo– de un modo nuevo y seductor, al estilo de Jesús de Nazaret.

Entre el gentío, su mirada queda fija en una persona que está deformada y paralizada por la enfermedad, pero presente allí porque tiene vida para dar y recibir. El Papa se detiene ante él, lo acaricia con la ternura de Padre y la abraza efusivamente con la fuerza del hermano; de repente, sus ojos se iluminan y se le ve enriquecido con ese encuentro, como si se hubiera encontrado con el mismo Cristo y se sintiera, una vez más, salvado por Él.

El Papa ha hecho centro de la plaza y la muchedumbre a ese sencillo paralítico, al que no le ha dado oro ni plata, pero lo ha bendecido y llenado de gracia para seguir viviendo en la luz y en la esperanza en nombre del Señor, para que pueda levantarse y seguir caminando en la vida. Y, con ese gesto, realizado con una naturalidad aplastante, nos ha dado un mensaje claro: los enfermos  y discapacitados no son distintos, sino únicos. Ellos han de tener un lugar central en la comunidad eclesial, y no sólo para recibir sino para dar desde su vida y su autonomía interior y exterior.

Esa imagen me ilumina y me transporta al encuentro que celebramos hace tiempo, en la víspera de Pentecostés, en nuestra parroquia de barrio, Guadalupe, en Badajoz. Estamos allí, en el silencio de una urbanización, rodeados de centros educativos y residenciales de personas con discapacidad: paralíticos físicos y cerebrales, niños y jóvenes con autismo, con síndrome de Down (unos con más y otros con menos limitaciones). Desde la parroquia tenemos la preocupación de ser un espacio abierto que debe salir al encuentro de todos, compartir sus penas y alegrías, y ser nudo de relaciones hacia dentro y hacia fuera, en el barrio y en la ciudad. Este principio se está queriendo vivir con estos centros; para ello, se ha creado un nudo de relaciones que va creciendo poco a poco y que compartimos en una mesa henchida de experiencias personales.

Este encuentro, celebrado por segundo año consecutivo, volvió a ser señal de comunión, de un lenguaje único y glorioso –pentecostal-; se encontraron entre ellos, y disfrutamos todos juntos. La parroquia se sintió comunidad viva y auténtica en su presencia; contamos, incluso, con la presencia de un mago que, curiosamente, quedó ilusionado por la magia auténtica de todos ellos.

Desde nuestra parroquia, hecha vida para servir, estamos preocupados de cómo les afectan los recortes actuales, siendo éstos “últimos” los “primeros” necesitados. Y queremos darlos a conocer en medio del barrio y la ciudad, para que se les den el lugar que les corresponde y se merecen. Ellos son luchadores, inquietos, vivos, cariñosos como nadie y merecen ser, no sólo atendidos, sino entendidos y reconocidos en lo que nos aportan y nos enseñan. Ahora, conscientes de lo que esta sociedad necesita, estamos con una campaña de Cáritas Parroquial para convocar voluntarios que aporten sus manos para estos centros ante los recortes que han aminorado el personal.

La experiencia nos sirve, una vez más, para soñar con el Papa Francisco la Iglesia que queremos desde lo concreto y lo real. Soñamos una Iglesia que no deja a los enfermos o discapacitados en la puerta pidiendo, como si sólo estuvieran ahí para recibir. No, queremos una Iglesia que los bendice, los anima a levantarse y les ayuda a caminar –como hicieron Pedro y Juan en la puerta del templo- para que entren a ocupar su puesto privilegiado, donde se sientan los que traen la salvación, los que lavan sus mantos en la sangre del cordero y nos sirven de referentes para creer que el Crucificado ha resucitado y vive para siempre. Como ellos, que sacan fuerzas de flaquezas y hacen, de sus límites, auténticas posibilidades de camino y fraternidad humana y universal. Y no puedo menos que homenajear a los militantes cristianos de la Frater, movimiento de la Acción católica, que tanto nos enseña y da a los demás movimientos hermanos, y a toda la Iglesia en este ser y hacer de los enfermos en la Iglesia y en el mundo.

 

José Moreno Losada. Vicario Parroquial en la parroquia de Guadalupe-Badajoz

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1 comentario

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  • Enhorabuena, Padre. Sólo si encontramos espacio en el sufrimiento habremos entendido a Cristo en la esencia del Evangelio. UN abrazo

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