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La Iglesia de Kenia dice «no» al cierre de los campos de refugiados de Kakuma y Daadab

La Conferencia Episcopal de Kenia ha pedido al presidente Uhuru Keniatta que no cierre los campos de refugiados de Kakuma y Daadab, en los que viven más de 400.000 personas. «El gobierno debería reconsiderar su posición y tratar a todos los refugiados con cuidado y atención, especialmente durante este periodo de pandemia de covid-19», señala.

En los citados campos han hallado refugio desde hace años decenas de miles de personas azotadas por la guerra y el hambre. El de Kakuma, situado al noroeste, acoge desde 1992 a decenas de miles de refugiados de Sudán, Etiopía y Somalia. Hace unos pocos años había allí 185.000 personas. En Dadaab, por su parte, viven sobre todo somalíes. Levantado en la década de los noventa. este campo —en realidad, un conjunto de ellos— llegó a ser en su día el mayor del mundo. Su población en 2017 alcanzó las 250.000 personas.

El gobierno de Kenia hace tiempo que amenaza con el cierre de estas instalaciones. En 2016 lo hizo con el argumento de que el grupo terrorista Al-Shabaab, filial de Al-Qaeda en Somalia, se había infiltrado en ellos y lanzaba ataques desde allí. Hasta ahora todo se había quedado en advertencias, en avisos a la comunidad internacional. El pasado 24 de marzo, sin embargo, el presidente Keniatta dio un paso más y puso ya una fecha. Advirtió de sus planes a ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y le dijo que debía buscar una solución al tema en dos semanas. El Tribunal Superior de Justicia de Kenia ha logrado frenar temporalmente (durante un mes) la medida.

Violación del principio de no devolución

Los obispos dicen que con la covid los inmigrantes son aún más vulnerables y que ni siquiera pueden cumplir algunas de las medidas sanitarias de protección debido a sus duras condiciones de vida. Denuncian, asimismo, que un retorno forzado violaría el principio de no devolución. «En el campamento de Daadab los somalíes son mayoría; según el derecho internacional, los refugiados pueden regresar a su país una vez que se restablezca un gobierno democrático que respete los derechos humanos y el Estado de Derecho», recuerdan.

Somalia está muy lejos de esa situación. El país se halla inmerso estos días en una nueva crisis política derivada de la reelección por otros dos años del presidente Mohamed Abdulahi Mohamed, conocido como Farmaajo. La oposición no lo reconoce desde el pasado 8 de febrero, que es cuando expiró su mandato y se tendrían que haber celebrado elecciones.



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