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La huella de los Sagrados Corazones en la comunidad de El Encinar

La rama masculina de los Sagrados Corazones llegó a Salamanca hace 28 años, de la mano de un proyecto social que hoy perdura: la Casa Samuel. Unas décadas antes habían llegado las hermanas, que hacen lo propio con otro recurso de Cáritas diocesana de Salamanca, Padre Damián.

Esta comunidad cierra sus puertas y se despide de El Encinar, la que ha sido su casa durante los últimos 21 años, y por la que han pasado un total de 27 religiosos (11 de ellos novicios). La falta de vocaciones y la reorganización de su congregación ha generado el cierre de la comunidad asentada en Salamanca. Enrique Losada es uno de los religiosos que desde hace cuatro años y medio formaba parte de la familia de los Sagrados Corazones en este barrio del municipio de Terradillos. “En la pandemia hemos perdido a diez hermanos y en los dos últimos años no hemos tenido ninguna entrada”, afirma.

“La primera comunidad se instaló en Barbadillo en el curso 1993-1994, y ya en el 2000 llegamos a El Encinar, con la idea de crear comunidad en el barrio, y también atendiendo a la parroquia de Los Cisnes, para estar cerca de la gente y ser buenos vecinos”, subraya.

Estos religiosos sienten su marcha, “no podemos atender todo y tenemos que dejar algunas de las presencias, y sentimos dejar El Encinar, la gente nos quiere y nos apoya, y siempre hemos tratado de colaborar lo máximo posible, y dejar huella con esa presencia, y aunque es doloroso irse, no tenemos más remedio”, añade Losada. A los que han sido su comunidad y sus vecinos les recuerdan que siempre estarán ahí para lo que necesiten, aunque ya no estén en Salamanca, “llevamos vuestros nombres en nuestros corazones y os tendremos presentes en la oración”.

Hace cuatro años, la comunidad de El Encinar se convirtió en el noviciado de los Sagrados Corazones, por donde han pasado un total de 11, “con un ambiente muy favorable para ello, con un contacto con el barrio, la comunidad cristiana y la diócesis”, aclara Losada, como maestro de novicios.

A la hora de hablar del futuro de las órdenes religiosas, Enrique Losada cree que no va tanto por hacer cosas, “sino por estar presente y comunicarlo”. En cuanto a la impronta que han dejado en la comunidad de El Encinar, cree que el haber conocido a un grupo de religiosos que ha tratado de ser cercano, “disponibles, y tratar de escucharlos siempre, buscarlos, aceptarlos y quererlos”. De la comunidad de esta localidad salmantina, este religioso subraya el compromiso, “los que se comprometen lo hacen de verdad, son gente seria y se puede contar con ellos”.



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