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La historia de Eva: Con 18 años se negó a abortar y ahora ayuda a otras mujeres

Eva es una mujer que con 18 años se quedó embarazada y le ofrecieron abortar, pero se negó y ahora es voluntaria de Provida Mérida. El delegado episcopal de Medios de Comunicación de la diócesis de Mérida-Badajoz, Juan José Montes, la ha entrevistado para Iglesia en camino. Aquí tienes su historia:

—¿Cómo es tu historia?
Comprendo a estas chicas que, en un momento inesperado de su vida, se quedan embarazadas y no encuentran salida. Yo me encontré en esa situación a los 18 años, tuve un embarazo inesperado en un momento muy inoportuno: acababa de fallecer mi madre y mi padre era un hombre muy católico, muy conservador, con siete hijos… En ese contexto su hija pequeña se queda embarazada.

—¿Qué pasa en ese momento en tu vida?
A mí no se me pasó por la cabeza abortar, pero siempre hay quien te lo propone. Un familiar médico me llamó por teléfono para decirme que era una atrocidad tirar para adelante con un embarazo, que era muy joven y me iba a arruinar la vida, que lo mejor era abortar.

—¿Qué le dijiste?
Pensé: ¿Cómo voy a matar a mi hijo? Y tiré hacia adelante. Gracias a Dios ha sido lo mejor que he hecho en mi vida.

—¿Qué te dijo tu padre?
Recuerdo dos momentos malos en mi vida: la muerte de mi madre y cuando me entero que estoy embarazada por el disgusto de mi padre. El disgusto le duró un día, recuerdo que se quedó paralizado pero luego me arropó, me acompañó e hizo lo que mi madre hubiese hecho.

—La niña cayó de pie en casa.
La niña trajo mucha alegría, vino a rellenar el hueco que dejó mi madre. Tiene 22 años, acaba de terminar la carrera de Criminología y se implica mucho ayudando a los demás. Desde el primer curso de carrera se fue a hacer prácticas con una profesora que hace reinserción en la cárcel y allí se entrega. Es brillante y estoy muy orgullosa de ella.

—Lo que tu sufriste te ha servido para ayudar a otras mujeres. Cuéntanos.
Me siento muy identificada con ellas porque sé lo que se sufre en ese momento, cuando recibes una noticia así y tienes otros proyectos. Yo tuve la suerte de tener respaldo pero conozco a chicas que no. Conocí a la asociación Provida y me lancé a realizar un voluntariado con ellas.

—¿Qué haces en Provida?
Mi papel concretamente es hablar con las chicas y darles la luz que en ese momento ellas no ven. No tienen apoyo para querer a sus hijos pero, como me decías antes, no falta quien le diga que aborte. Como me pasó a mí. En esta sociedad pasa cada día más: quítate el problema lo más rápido posible.

—¿Cómo son las mujeres que llegan a Provida pidiendo ayuda?
La mayoría son chicas que no tienen relaciones estables, muchas con bajo nivel económico, con problemas familiares y no se sienten arropadas.

—Quizás muchas veces no es tanto la falta de recursos económicos como la falta de apoyo.
El apoyo es fundamental. Una mujer cuando se siente sola con un bebé se le viene el mundo encima, piensa que no va a poder asumir la responsabilidad que supone un bebé, que no lo va a poder alimentar… Esa responsabilidad es cosa de dos, no solamente de la madre. Yo entiendo su miedo, por eso es clave el apoyo de la familia. En mi caso, gracias a Dios, mi padre hizo de padre y madre y estuvo ahí. Me da muchísima pena que algunas chicas, teniendo padre y madre, no se sientan arropadas.

—¿A cuántas mujeres atendéis en Provida Mérida?
Ahora mismo atendemos a 60 mujeres. Es un orgullo ver cómo van cambiando y, después de que se sienten escuchadas, valoradas y ayudadas, te dicen: ¡Dios mío! ¿Cómo pensé yo en matar a mi niño? Tarde o temprano las mujeres se arrepienten de abortar, pero ninguna de haber tenido a su hijo.



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