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Rincón Litúrgico

La grandeza del servicio

«El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento». Así comienza la primera lectura que se proclama en la misa de este domingo. Es un texto poético, tomado de uno de los cantos del Siervo de Dios, que se lee durante la Semana Santa (Is 53,10).

 El profeta elegido por Dios ha de anunciar la salvación a sus gentes. Pero no solo eso, sino que ha de rescatar a su pueblo de la tiranía de la maldad, cargando personalmente con el peso y la ignominia del mal.

Nosotros nos identificamos con el pueblo de Dios al orar con el salmo responsorial: «Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti» (Sal 32).

Pero hay algo que nos distingue del pueblo de la primera alianza. Nuestra confianza se apoya en Jesucristo. Creemos que él se compadece de nosotros, porque «ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (Heb 4,14-16).

PODER Y PRESTIGIO

En el capítulo 10 del evangelio de Marcos se presentan las apetencias humanas al placer, al tener y al poder. Pues bien, en este domingo oímos que Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercan a Jesús y le manifiestan sus deseos: «Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir» (Mt 10, 35-45).

En los dos domingos anteriores hemos recordado la pregunta por el matrimonio y el divorcio y la retirada del hombre que no aceptó entregar sus bienes a los pobres y seguir a Jesús. Hoy vemos a dos discípulos que pretenden alcanzar un puesto de poder y de prestigio. Aspiran a sentarse en los puestos privilegiados para compartir la gloria de Jesús.

En realidad, estos discípulos no han llegado a comprender la lección fundamental de su Maestro, que está dispuesto a aceptar el cáliz de la amargura.

Pero la pretensión de los hijos de Zebedeo no deja indiferentes a los demás apóstoles. De hecho, suscita en ellos una reacción de indignación y de rechazo. Tal vez también ellos aspiraban a ocupar esos asientos.

UN SACRIFICIO DIARIO

Como en otras ocasiones, a continuación el evangelio pone en boca de Jesús una enseñanza importante. Según él, es necesario descubrir el sentido que la grandeza humana ha de tener en la nueva comunidad.

  • «El que quiera ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor». A la luz del Evangelio, la grandeza del hombre no consiste en la capacidad de dominio sobre los demás, sino en la disponibilidad para prestarles un servicio.
  • «El que quiera ser primero, sea esclavo de todos». El mundo ha admitido durante siglos la esclavitud y ha tratado de defenderla con razones. Según el Evangelio, quienes se prestan a servir amorosamente a los demás han alcanzado el primer puesto.
  • «El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos». Servir a los demás supone un sacrificio diario. El Evangelio sugiere ese estilo de vida no para anular la libertad de la persona, sino para ayudarla a seguir al Maestro.

Señor Jesús, sabemos que tú has venido a servir y entregar la vida por nosotros. Esa actitud es el núcleo de tu misión y el ideal de nuestra propia vocación. Enséñanos tú que la verdadera libertad del ser humano consiste precisamente en esa aparente esclavitud. Amén.



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