Rincón Litúrgico

«La gran pregunta». Domingo 21º del Tiempo Ordinario. A

Señor Jesús, se ha dicho que tú eres un famoso desconocido. Tú formulaste a tus discípulos dos preguntas que son como el centro del evangelio.

  • En primer lugar, les preguntaste qué decían las gentes sobre ti. La respuesta no era difícil. Les bastaba prestar atención a los comentarios de aquellos que se acercaban a ti.

Unos te identificaban con el profeta Elías. Por su defensa del Dios único frente a los ídolos que se imponían a los fieles. Y por su defensa de la dignidad de los pobres, como Nabot, o  como la viuda de Sarepta.

Otros veían en ti una cierta semejanza con Juan el Bautista o con alguno de los profetas. Como ellos, también tú exhortabas al pueblo a confiar en Dios y a cambiar su estilo de vida y convertirse.

  • Además, les preguntaste qué decían ellos sobre ti. No bastaba preguntar a las gentes. Ahora tú pedías una confesión personal que implicaba la manifestación de los deseos y proyectos más íntimos. Y esa respuesta nunca ha sido fácil.

Yo sé que también a mí me diriges esa misma pregunta. A veces apelo a una definición académica que no me compromete.

Con frecuencia siento la tentación de pensar que ya respondí a ella hace años, cuando opté por un camino en la vida y por una escala de valores. Es fácil decirme a mí mismo que entonces te reconocí como mi Maestro.

Pero tú me diriges esa pregunta en cada momento de mi vida. Necesito valor para descender al fondo de mi conciencia y ver qué puesto ocupas tú en mi vida. Me engaño al afirmar que te reconozco como mi Señor y Salvador. Mil dedos apuntan contra mí para denunciar todas mis esclavitudes.

Señor, hoy te doy las gracias porque, a pesar de mi rutina, sigo preguntándome quién eres tú para mí, en esta etapa de mi existencia.  Pero te pido que tu Espíritu me asista para que no me engañe a mí mismo, dándote una respuesta que no responda a la verdad de mi vida.  Amén.

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