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La Fundación Pablo VI aborda en Barcelona los beneficios e impedimentos para la liberalización de patentes de la covid-19

El 24 de abril, en nuestro número 4.072 en papel, abordamos en un reportaje qué decía la Iglesia sobre el proceso de vacunación que se estaba llevando a cabo en el mundo, sobre los peligros de desigualdad en los que se podía incurrir y sobre la realidad que estaban viviendo los países menos favorecidos.

Estas mismas cuestiones han vuelto a ser abordadas en el último coloquio de la Fundación Pablo VI, que lleva por título Liberalizar las patentes ante la COVID-19: ¿es la solución?. 

En colaboración con el arzobispado de Barcelona y la Fundación La CaixaDesde el Palau Macaya, en Barcelona, moderado por Francisco José Cambra, jefe de la UCI Pediátrica del hospital Sant Joan de Déu y miembro del Institut Borja de Bioètica y presentado por Jesús Avezuela; el director general de Farmaindustria, Humberto Arnés; David Noguera, presidente de Médicos Sin Fronteras; Federico de Montalvo, presidente del Comité de Bioética de España y Erika Dueñas, responsable de Propiedad Intelectual del Departamento de Medicamentos y productos de la OMS, dialogaron sobre los efectos y consecuencias que la supresión de las patentes podría traer consigo en la lucha contra la pandemia.

«Los problemas globales requieren soluciones globales»

La primera intervención estuvo a cargo del presidente del Comité de Bioética de España, Federico de Montalvo. «Las patentes no sólo defienden el derecho de propiedad. Las patentes conectan con una libertad fundamental que es la de investigación y creación científica».

A su juicio, la cuestión relativa a la liberalización de las patentes no se puede plantear como un dilema. «Ni una liberalización absoluta ni mantener las patentes como están». Para De Montalvo hay que intentar un curso intermedio donde se favorezca el trabajo conjunto. «Cuando lo público y lo privado cooperan, conseguimos algo mágico y es que muchos de nosotros ya estemos vacunados. Si vamos a extremos, no nos vamos a entender».

Por último, ha hablado de los mecanismos éticos en occidente, a los que ha calificado de «robustos» y ha ensalzado el civismo y buen hacer en el desarrollo de la estrategia de vacunación.

«Que se usen todas las disposiciones que estén a la mano para aumentar la producción de las vacunas a gran escala»

La responsable de Propiedad Intelectual del Departamento de Medicamentos y productos de la OMS, arrojó un dibujo sobre la realidad actual del sistema de reparto de las vacunas.

Covid-19 technology access pool es una iniciativa que se lanzó a solicitud del presidente de Costa Rica, con el respaldo de otros 40 países y con el apoyo de Naciones Unidas, y que promueve la cesión de licencias, de forma voluntaria, para poder ampliar el radio de acción para acabar con la pandemia. «Ya se ha hecho con el VIH o con la Hepatitis», puntualizó Dueñas.

«Creemos que esta alternativa puede ser muy positiva porque todos salen ganando. Las compañías farmaceúticas ofrecerían sus derechos y propiedad intelectual a cambio de los derechos de explotación o royalties, permitiendo que otros muchos laboratorios pudieran producir las vacunas, transfiriendo también tecnología y pudiendo, de este modo, ampliar de forma significativa la producción. Es un mecanismo que beneficia a todos».

«El exceso de mortandad producido y derivado de la covid-19 marcará a una generación entera. Necesitamos más vacunas»

El presidente de Médicos Sin Fronteras, David Noguera, ha podido trasladar a los asistentes al coloquio el diagnóstico desde su posición, que, en sus propias palabras, es de «emergencista». «Un emergencista es lo que ha faltado en la gestión de la pandemia, también en España. Se trata de alguien que es capaz de adaptar los sistemas  que están pensados para el día a día a una situación extraordinaria. Esto es lo que hacemos en Médico Sin Fronteras».

Para Noguera, ha faltado, en el caso de nuestro país, por carecer de este tipo de experiencias de crisis, apertura y capacidad de pensar de modo diferente ante lo peor de la covid-19, cuando se tuvieron que habilitar pabellones y otros recintos para el tratado de pacientes.

Contó su experiencia tratando el Ébola y algo que suele derivar de las situaciones pandémicas: «el exceso de mortandad no solamente se da por este o aquel virus sino por los otros casos que se dejan de tratar por una situación de colapso en los hospitales, por el miedo en la población o por la falta de recursos». Ha puesto el ejemplo del cese en el reparto de mosquiteras y las consecuencias que ha traído consigo. «La OMS habla de un retraso de 20 años en la lucha contra la Malaria».

Por último, tras hablar de la dramática situación que están viviendo los países del sur, de la falta de medios y estadísticas reales y ampliadas a todos los fallecidos de forma indirecta por la covid-19, considera que «requerimos de un marco extraordinario, sin precedentes, que haga que se eliminen todos los obstáculos para que la capacidad de producción de las vacunas llegue a su máximo nivel».

«Liberar las patentes no garantiza a corto plazo la producción. No es la solución»

Por su parte, Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, ofreció otra perspectiva, diametralmente opuesta a las defendidas tanto por Dueñas como por Noguera.

En primer lugar, Arnés considera que hay que tener en cuenta el proceso de elaboración de las vacunas, de las complicaciones que trae consigo. «Algunas requieren de hasta 230 componentes que están repartidos en distintos países del mundo y cuyo ensamblaje es enormemente complejo». Del mismo modo, ha explicado las circunstancias tan excepcionales que se requieren para el desarrollo de las vacunas, partiendo de las instalaciones, la tecnología y el equipo humano cualificado. «Estos medios están al alcance de unas pocas farmacéuticas».

En segundo lugar, el director general de Farmaindustria, cree que la producción actual, que la industria ha multiplicado su capacidad por tres respecto al 2019, puede llegar a alcanzar los 15.000 millones de dosis en un año, por lo que la inmunidad de grupo, establecida a nivel global en torno al 70 por ciento de la población, se podría alcanzar. «El resto es la distribución y que se haga en óptimas condiciones».



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