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La fuerza de la Palabra, por José Manuel Lorca Planes

V Domingo. Ordinario, 2013.

En la segunda lectura de este domingo, Pablo recuerda a los corintios una clave muy importante para todos: el Evangelio que nos predicó, que nosotros hemos aceptado y en el que estamos fundados es el que nos esta salvando. La fuerza que tiene la Palabra de Dios, es en ella donde se nos da la vida. En el Evangelio aparece Jesús predicando desde la barca y todos están pendientes de su palabra.

Veamos ahora con detalle esta escena. El Señor, después de la predicación desde la barca, toma la iniciativa: les dice a los pescadores cansados y derrotados, porque han estado faenando toda la noche y no pescaron nada, que remen mar adentro y echen las redes… ¡les pide esto a quienes han terminado sin pescar nada! y ¡le obedecen!. Lo admirable son las veces que le obedecen, porque se lo pide el Señor.

 

Me pregunto sobre la fuerza que vieron ellos en la persona Jesús, que no tardaron en responder, que no se resistieron, aunque los expertos en el mar eran ellos. El caso es que los resultados de haberse fiado fueron manifiestos: una redada que casi revienta la red, necesidad de pedir ayuda y casi se hundían las barcas… La buena lección que debemos anotar es que debemos fiarnos de la Palabra del Señor, porque el Señor nos da lecciones, incluso en aquello en lo que somos “expertos”. Lo que podemos ver es la omnipotencia de Dios, que con su sola voluntad cambia las cosas, de tal manera que donde no había nada se recoge una gran pesca.

 

Pero es conveniente destacar algo más, la gran confianza que demuestra Pedro hacia Jesús, ejemplar y modelo para todos; lo que parecía imposible para ellos, lo que humanamente estaba agotado, comienza a tomar color, a recobrar vida: sobre lo que parece imposible está la Palabra de Dios: “echad las redes”. Ellos vencen sus miedos, temores, inseguridades y hasta sus “certezas”, escuchando a Jesús: “por tu palabra” echamos las redes. El resultado es evidente, gracias a la omnipotencia de Jesús, y a la fe de los discípulos en su palabra.

 

Otro aspecto que está apuntado en el texto del Evangelio, de no menor importancia, es la reacción del duro patrón de Galilea, Jesucristo le habla a él, conoce las intenciones de su corazón, entra hasta lo más hondo de su ser iluminándolo todo, desde sus formas de vivir, sus miedos y preocupaciones, hasta sus posibilidades y valores y luego, le dice, no temas, confío en ti, te necesito… Que imitando a San Pedro digamos siempre si al Señor.



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