Carta del Obispo

La fraternidad, camino de la paz, Lluís Martínez Sistach, Cardenal arzobispo de Barcelona

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Termina un año civil y dentro de tres días empezamos otro. Nos dicen que será mejor que el año pasado. Dios lo haga. La manifestación de los buenos deseos de cara al año nuevo es algo más que una mera costumbre social. Es como la confesión de que el mundo podría -debería- ir mejor.

Coincidiendo con el año nuevo, cada 1 de enero la Iglesia promueve la Jornada Mundial de la Paz, que fue instituida por Pablo VI en 1967, en aplicación de la doctrina y las orientaciones del Concilio Vaticano II. Este Concilio, del que estamos celebrando el cincuentenario, trató el tema de la paz, especialmente en la constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy, conocida como la Gaudium et Spes. Este documento, en su mismo inicio, dice que “la alegría y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres contemporáneos, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son también la alegría y la esperanza, la tristeza y la angustia de los discípulos de Cristo, y no hay nada de verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.

¿Qué puede haber de más humano que el deseo de paz entre los pueblos, entre las naciones y los estados del mundo? Juan XXIII lo intuyó muy bien y, en tiempos de la llamada guerra fría, publicó la que ha sido calificada como la encíclica más popular de la historia de la Iglesia, la Pacem in terris, de cuya publicación también hemos celebrado el cincuenta aniversario este año que ahora acabamos. Pacem in terris, conocida como la encíclica de los derechos humanos, fue acogida con verdadero entusiasmo. Su programa es todavía muy actual. Mucho se ha avanzado en el respeto de los derechos humanos, pero mucho queda todavía por hacer, sobre todo a nivel global y en los países más pobres de la Tierra.

La Jornada de la Paz del día primero de año tiene como lema: “La fraternidad, fundamento y camino para la paz”. Será la primera jornada de fin de año del papa Francisco y habrá que estar atento al mensaje que dirija a los jefes de Estado de todo el mundo y a la opinión pública, porque -como dijo con motivo de la jornada que promovió en toda la Iglesia por la paz en Siria- la paz es un problema humano que trasciende las divisiones religiosas y confesionales e interesa tanto a creyentes como a no creyentes, porque es un problema de la humanidad, de toda la humanidad.

El tema de la fraternidad está muy presente en el espíritu y en las enseñanzas del papa Francisco. En aquella memorable presentación suya ante el mundo, la tarde del 13 de marzo pasado, ya pidió “empezar este camino, obispo y pueblo, un camino de fraternidad, de amor y de confianza; recemos para que haya una gran fraternidad”.

El compromiso del Papa en favor de la paz se ha manifestado sobre todo en la jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Próximo y en el mundo entero el día 7 de septiembre, en la víspera de la Natividad de María, reina de la paz. En la que presidió él mismo en Roma, se refirió a la paz en el mundo entero e insistió en que la violencia lleva a la violencia y la guerra lleva a la guerra.

La solidaridad, el desarrollo y la defensa de los derechos humanos y de la paz aparecen como los pilares del servicio a la Iglesia y al mundo del nuevo obispo de Roma. Es necesario que toda la Iglesia le acompañe con su oración.

 

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

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