Opinión

La formación como proceso de identificación con Jesucristo

Muchos de nosotros nos encontramos con Jesucristo gracias a nuestros hermanos mayores y, de su mano, comenzamos a dar los primeros pasos en la fe, experimentando la necesidad de profundizar en el conocimiento de las verdades que integra para vivirla más plenamente y poder dar a otros razones de nuestra esperanza. Sin embargo, nos sigue costando asumir que la formación va mucho más allá de la simple adquisición de conocimientos sobre cuestiones que nos interesan más o menos; implica aceptar el compromiso de iniciar y mantener un proceso permanente de identificación con Jesucristo, adquiriendo un modo de ser, de pensar, de sentir y de actuar profundamente cristiano. Esta formación, entendida en sentido integral, ha de incorporar la práctica asidua de la oración y la lectura reflexiva de la Palabra, la vivencia de los sacramentos, el seguimiento de itinerarios formativos —con un especial protagonismo de la Doctrina Social de la Iglesia— y la formación cultural, para saber cómo piensan los hombres y mujeres de hoy con el fin de poder entrar en diálogo auténtico con ellos. Siempre en coherencia con aquello que es específico de la vocación laical: la transformación de la realidad para ordenarla según Dios.

Nuestro lema, por ello, ha de ser formación para la acción. No en vano, ser discípulos misioneros, como nos pide el Papa Francisco, implica darse forma según el modelo de Jesucristo y compartir con otros lo que nosotros mismos experimentamos. Es lo que viviremos en el Itinerario Procesos Formativos de nuestro Congreso Nacional de Laicos.

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