Carta del Obispo Iglesia en España

La fe y la caridad en el Jubileo, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

La fe y la caridad en el Jubileo, por Josep Àngel Saiz Meneses, obispo de Terrassa

(31/01/2016)

Hoy quiero continuar la reflexión sobre el acto de fe en la celebración del Año Santo de la Misericordia. Pero puesto que la fe actúa por medio de la caridad, deseo ahora subrayar que el Jubileo no se entendería sin poner el acento también en la caridad, que es el signo que sobresale de la fe cristiana y su forma específica de credibilidad. Creer y amar son las dos exigencias de la vida cristiana que sintetizan todas las demás y que se imponen de manera indisoluble para quien quiera ser discípulo de Cristo y vivir, en sintonía con la Iglesia, este tiempo de gracia que es un Año Santo.

San Pablo expresa sintéticamente esta estrecha relación entre fe y amor con estas palabras: “La fe actúa por la caridad” (Gal 5,6). Por tanto, la verdadera profesión de fe eclesial conlleva una profunda relación entre fe y caridad. De este modo, la fe que actúa por el amor se convierte en el criterio de pensamiento y de acción que renueva e integra toda la vida del ser humano. El papa Benedicto XVI nos recordaba en la carta apostólica Porta Fidei que “la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40)” (Porta fidei, n. 14).

La existencia cristiana consiste en un encuentro continuo con Dios que renueva la existencia, que cambia el corazón y que nos lleva, a su vez, al encuentro con el hermano. Por eso el amor al prójimo no se puede considerar un mandamiento externo, impuesto desde fuera, sino que es la consecuencia del encuentro con Dios, de la experiencia de su amor, del dinamismo de la vida nueva, de la fe, de la confianza en Él. Los Apóstoles en la primera comunidad se preocupan de anunciar el Evangelio y de atender a los hermanos más necesitados. Fe y caridad, contemplación y acción, se armonizan e integran. El Jubileo de la Misericordia es un tiempo propicio para vivir y crecer en la fe, la esperanza y la caridad. El camino pasa por la participación en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, y por la atención a la Palabra de Dios. Como consecuencia, crecerá nuestro amor a Dios y al prójimo, y pondremos en práctica con mayor prontitud las obras de misericordia.

Quienes vamos conociendo el estilo y la manera de proponer la fe del papa Francisco no nos extrañamos del hecho de que haya puesto en el centro del actual Jubileo las llamadas “obras de misericordia”. Desde mucho antes del comienzo del Jubileo nos está exhortando a practicarlas. En el mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Cracovia el próximo mes de julio, invita a los jóvenes a elegir una obra de misericordia corporal y otra espiritual para cada uno de los siete primeros meses del año. Su deseo es que todo el pueblo cristiano reflexione sobre las obras de misericordia corporales y espirituales para despertar la conciencia y para entrar más y más en el corazón del Evangelio.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

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