Carta del Obispo

La fe de nuestro pueblo

Antonio Ángel Algora Hernando
Antonio Ángel Algora Hernando, obispo de Ciudad Real

Sigo la reflexión del domingo pasado sobre la dignidad de la persona y el imprescindible dominio sobre nuestro cuerpo para poder llevar adelante la aventura de la Vida… ¡hasta la Vida Eterna! Me encuentro con el impresionante baño de futbol que nos ha deparado la Copa de Europa y, encima, con el juego del mejor equipo de España de todos los tiempos. La conclusión inmediata que se puede sacar -aunque se me acuse de oportunista- es que esos hombres del deporte no podrían conseguir la realización de semejante esfuerzo físico y mental, sin una más que rigurosa disciplina de cuerpo, cabeza, relación interpersonal, amistad y un largo etcétera difícil de resumir en unas líneas.

Porque sabemos de estupendos deportistas que, después de tocar la gloria con las manos, han destrozado su vida y fueron como un ayer que pasó demasiado fugazmente. ¿A dónde quiero ir a parar con esta reflexión? Simplemente a que no hagamos caso a esa moral-inmoral del “todo vale” que emborracha y embrutece al ser humano y que está destrozando a buena parte de nuestra sociedad. Deseo subrayar que la dignidad de la persona humana, que la fe cristiana defiende, es el valor fundante de esos otros valores humanos que duran y permanecen en el tiempo.

La moral católica nace de la fe en Nuestro Señor Jesucristo. Nuestra mejor tradición hunde sus raíces en la predicación del Apóstol Santiago, el primero en dar la vida por confesar esa misma fe de la que hoy algunos hacen leña y desprecian, y que otros confesamos más débilmente de lo que debiéramos. La fiesta de Santiago en esta semana nos debe llamar a todos los que queremos seguir a Jesucristo, a confesar en público y en privado el tipo de persona y la dignidad que lleva consigo el saberse hijo de Dios. Esto encierra el tremendo compromiso de atreverse a servir de ejemplo para los demás, dar testimonio de quien se sabe “apóstol” -es decir enviado- que lleva la Vida de Dios en vasija de barro y que muchas veces todavía se sabe pecador y necesitado de la Gracia, se sabe sanado y ayudado por quien nos enseña el camino de la cruz y del sufrimiento como paso imprescindible para llegar a la resurrección y la Vida que no acaba, la de Nuestro Señor.

Nos dicen que convertirse en un deportista de élite conlleva muchas renuncias y mucha disciplina. Ser testigo del Evangelio lleva consigo la “Conversión” a Jesucristo, que más que un entrenador es sencillamente el Hijo de Dios que nos regala la presencia y fuerza del Espíritu Santo para encajar todas las circunstancias de nuestra vida, alegrías y tristezas, gozos y esperanzas, en la sabiduría de quien ha descubierto el tesoro -tantas veces escondido por las apariencias sociales- de la fe de nuestro Pueblo, de la fe en Cristo Jesús. Santiago sí, Patrono de España, desde los comienzos de la andadura de la Iglesia en el Mundo, ¡y ya van cerca de dos mil años! Muchas han sido las dificultades y persecuciones de la Iglesia en España en este tan largo período de tiempo, pero con todas ha podido el testimonio de la fe apostólica de los millones y millones de personas que han bebido en la fe católica los mejores comportamientos y servicios a los demás en nuestra historia patria. El triunfo en esta otra “copa de Europa”, que hemos de conseguir sobre la Crisis Europea, ciertamente vendrá, si quiere permanecer en el tiempo, de manos de hombres, varones y mujeres que dominan su vida y saben sacar de ella los mejores resultados para el logro del bien común. En ello estamos todos implicados, y muy especialmente los que vivimos la presencia de Jesucristo, pues podemos aportar ese algo más que consigue en nosotros el Amor de Dios Padre “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su verdad”. Apóstoles y testigos necesita hoy Europa. Sintamos fuertemente esta llamada.

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora – obispo de C. Real

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