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La fe no aliena a los creyentes, por José-Román Flecha (Diario de León, 5-4-2014)

La fe no aliena a los creyentes, por José-Román Flecha (Diario de León, 5-4-2014)

Las procesiones de la Semana Santa vuelven a plantearnos la pregunta por el significado social de la fe cristiana. Los cofrades que salen a la calle portando los símbolos de la Redención ganada por Jesucristo, no están dispuestos a recluir su fe en su “almario” particular.

El marxismo ha acusado a la fe cristiana de alienar a los creyentes y de alejarlos de las reales necesidades del pueblo. También en la cultura occidental se ha tratado de presentar la fe como un sentimiento meramente personal, negándole toda pretensión de influir en la vida pública.

Ya en el año 1965 el Concilio Vaticano II había respondido a ambos  prejuicios, por ejemplo en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy, afirmando que “la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio” (GS 21).

El mismo documento añade que “la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana” (GS 39).

Pues bien, el tema vuelve a aparecer en la reciente exhortación apostólica La alegría del Evangelio. El Papa Francisco desmiente allí esos viejos tópicos, al afirmar que “en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros”  (EG 177).

Contra lo que se escribió tras el atentado a las Torres Gemelas, la fe en el Dios trinitario y nuestra defensa del Absoluto no constituyen la causa de la violencia y del fundamentalismo. Al contrario, nuestra fe en el Dios de Jesucristo  promueve el amor al prójimo, la fraternidad y la justicia y nos lleva a ejercer el servicio de la compasión que comprende, asiste y promueve a la persona (EG 178-179).

Como afirma el Papa Francisco, es verdad que la esperanza cristiana mira a un futuro absoluto, pero siempre genera historia en el presente en el que nos movemos (EG 180-181).

Así que el magisterio de la Iglesia se siente obligada por su misma fe y esperanza a concretar en la práctica los grandes principios sociales (EG 182). La razón es muy sencilla: la fe no puede relegarse solamente al ámbito de la intimidad de las personas. La fe cristiana siempre tiene una dimensión social. “Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (EG 183).

Ya nos gustaría que los hermanos que procesionan por nuestras calles durante la Semana Santa fueran conscientes de esta verdad y de esta misión. Sacar a la calle los símbolos cristianos debería ser el recordatorio de la propuesta del cofrade: afirmar y testimoniar con la vida que la fe en el Crucificado y Resucitado puede cambiar su existencia y el rostro de toda la sociedad. Nada menos.

José-Román Flecha Andrés



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