Cartas de los obispos Última hora

La familia, un valor seguro (VI)

La semana pasada, en la primera carta de este 2021 y quinta de esta serie, os hablaba de cuál podría ser el secreto que nos ayudara a sostener y fortalecer a las familias, cuál puede ser el secreto para sostenernos y fortalecernos. Y ya os adelantaba que, para mi, no hay otro secreto posible que la dimensión de trascendencia. Para ser feliz y sentirse realmente libre no basta con tener capacidad de elección o gozar de una adecuada autoestima sino ir más allá de uno mismo… Trascenderse. Esto sucede cuando un tú distinto de ti paradójicamente se constituye en fuente de tu yo. Tu yo no desaparece pero es liberado de la autoposesión para ser en el otro.

¡Cómo me gustaría persuadiros a cada uno de los hijos del Alto Aragón que vuestra vida y vuestro trabajo asumido en pareja, en familia, en fraternidad, de forma corresponsable… no anula ni atenúa vuestra propia identidad personal sino que la magnifica y la redimensiona! Todos podemos encontrar si queremos la coartada perfecta para legitimar nuestros intereses personales y nuestros proyectos particulares. Sin embargo, únicamente podréis resistir el frío de la «noche» poniendo en común lo mejor de vosotros mismos. Sólo podréis deshacer la nieve externa con el calor que brota desde dentro. Únicamente podréis salir adelante (ser útiles y fecundos) si entre ambos estáis dispuestos a impulsar el proyecto común que os habéis trazado.

Despojarse, desapropiarse paulatinamente de sí, en obediencia de amor al Padre, os conduce paradójicamente a la libertad interior más insospechada y llena de sentido toda vuestra vida. Vivir con gozo y con «pasión» el propio matrimonio es asumir opciones que os impliquen como pareja y que os exijan entrega y generosidad. Ésta y no otra -no os engañéis será la mejor herencia que podréis dejar a vuestros hijos.

Mantener encendida la hoguera es también para vosotros hoy, el gran desafío. Compartir vuestra «leña», toda la «leña» será la única garantía de supervivencia, de poder tener luz y calor mientras esperáis el «amanecer».

Dios os quiere. Desea que compartáis su propia felicitad. Realmente tiene mucha paciencia… Sabe esperar el momento en que no os sintáis tan seguros, ni poderosos… Si le dejáis una grieta abierta en vuestro corazón, se adentrará y os desbordará. Él siempre trabaja desde abajo y por adentro. Quiere ayudaros a descubrir que todo es Gracia. Pero, tal vez, la mayor gracia sea que logréis amaros el uno al otro.

Lo más paradójico es que os vais a encontrar con Él cuando menos lo esperéis… En vuestro propio ambiente. Os ayudará a redimensionar lo más propio de vosotros mismos. Reafirmará vuestra propia dignidad y os hará sentir vuestra propia responsabilidad para ser cocreadores con Él en el mundo que sueña.

Con mi afecto y bendición,

+ Ángel Pérez Pueyo
Obispo de Barbastro-Monzón

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