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La familia, hoy día

La familia, hoy día

La Declaración de los Derechos del Hombre, aprobada por las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, dice en su artículo 16, punto 3: La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene  derecho a la protección de la sociedad y  del Estado. El concilio Vaticano II manifiesta: la familia es una comunidad de vida y de amor. La familia es, pues, la institución natural primaria y célula fundamental  de la sociedad sobre la cual los Estados y las Confesiones religiosas se asientan. Sus elementos han evolucionado en la historia, desde la familia patriarcal y jerárquica y a la actual.

 La patriarcal era un conglomerado de personas bajo la autoridad del pater familias, quien tenía todos los poderes  sobre la mujer, hijos,  nietos, criados y esclavos vinculados a unas tierras y a un lugar. La jerárquica era aquella en la que el padre es el jefe,  su mujer es la reina del hogar y los hijos deben guardar obediencia y sujeción a sus padres. Estos dos tipos de familia han encontrado en el mundo actual  ciertas dificultades culturales, sociales y políticas que las han minado y destruido.

 Hoy día, la familia actual es de diversos tipos, desde la familia formada por el matrimonio de hombre y de una mujer con sus hijos bajo la forma religiosa o civil, a las rehechas formadas por cónyuges divorciados que se han vuelto a casar civilmente con otras personas, a las constituidas por cónyuges del mismo sexo (homosexuales y lesbianas), legalizadas civilmente en España, a las monoparentales integradas por un solo padre o por una sola madre con sus hijos y a las uniones de  hecho.

Vemos que estas familias actuales sufren una gran cantidad de separaciones, divorcios  y nulidades que van en aumento.  Tienen uno o dos hijos. Los abuelos padecen  la solidad y abandono de sus hijos. En muchos casos, las relaciones conyugales y paternales son problemáticas entre ellos, dando lugar a la violencia y a la agresividad que terminan en    lesiones y muertes entre ellos. Para resolver dichos problemas y situaciones, los gobiernos de los Estados dictan  medidas policiales y judiciales, pero estos no disminuyen y menos desaparecen, al contrario, van en aumento.

Es, pues, necesario conocer sus causas, que suelen ser económicas, morales y culturales. Económicas: el desempleo de sus miembros, la vivienda hipotecada a la que no le pueden hacer frente y  la dispersión de los miembros por razones de trabajo. Morales: el egoísmo materialista social reinante, la infidelidad, la celos y frivolidad de sus miembros. Culturales: la diversidad de ser, hablar, vivir,  educación, costumbres y  religión  de los cónyuges.

Es necesario que los gobiernos de los Estados con la colaboración de las Iglesias cristianas protejan a la familia, facilitándole empleo a sus miembros y viviendas sanas y baratas en arriendo o en propiedad. Les garanticen una sanidad gratuita, un salario familiar suficiente, subsidios sociales y deducciones fiscales. Les eduquen en los valores de convivencia y fidelidad de los cónyuges  por medio de la cultura, ética y religión cristiana a fin de que la familia sea una  verdadera comunidad de vida y amor.

José Barros Guede

A Coruña, 29 de septiembre del 2015



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