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La familia cristiana, carta del obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez (30-12-2012)

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Los padres sinodales, entre las proposiciones que presentaron al Santo Padre para la  publicación de la Exhortación Apostólica Postsinodal, señalan que la familia cristiana debe jugar un papel relevante en el impulso de la nueva evangelización. En la proposición 48 afirman: “Establecida por el sacramento del matrimonio, la familia cristiana como Iglesia doméstica es el lugar y el primer agente en el don de la vida y del amor, en la transmisión de la fe y en la formación de la persona humana según los valores del Evangelio”.

En nuestros días, gracias a Dios, son muchas las familias  que cuidan con dedicación y amor generoso a sus hijos, preocupándose cada día de su formación integral. Además de brindarles la posibilidad de adquirir unos buenos conocimientos intelectuales, muchos padres asumen también con verdadero interés la formación religiosa y moral de sus hijos para ayudarles a crecer de forma armónica.

 

Estos padres de familia, conscientes de las responsabilidades asumidas el día del bautismo de sus hijos,  saben que la familia cristiana ha de ser la primera institución  a la hora de transmitirles la fe. Por ello, sienten la necesidad de dar gracias a Dios cada día con sus hijos, de inscribirlos en la clase de religión, de acompañarlos a la celebración de la Eucaristía dominical y de ofrecerles el testimonio de una vida coherente con las propias convicciones religiosas.

Otros padres, sin embargo, han organizado su existencia al margen de Dios. Arrastrados por los criterios de la secularización, viven atrapados por el relativismo y por una concepción de la libertad alejada de la verdad. Como consecuencia de ello no les preocupa la formación cristiana de sus hijos o, en el mejor de los casos, los envían a la parroquia para que sean otros los que se ocupen de iniciarlos en la fe de la Iglesia.

 

La contemplación de esta realidad no puede desanimarnos. Si de verdad somos seguidores de Jesucristo, todos los cristianos hemos de asumir nuestra responsabilidad en el acompañamiento de la familia. Pensando con criterios de nueva evangelización, las comunidades cristianas deben seguir buscando nuevos métodos y nuevas caminos para que los padres de familia descubran y asuman el deber  de educar en la fe a sus hijos. Sé que esto no es fácil, pero hemos de dar pasos decididos para no sustituir o suplir a los padres en su responsabilidad educativa y formativa, sino para ayudarles a descubrir su responsabilidad y misión  en la formación integral de sus hijos.

 

Si todos constatamos el papel insustituible de la familia cristiana, como pequeña Iglesia doméstica y como espacio donde se fragua el futuro de la humanidad, es preciso que acompañemos a los matrimonios cristianos para que muestren con sus palabras y obras  la fe en Jesucristo y para que den testimonio de su amor a los hijos y a los restantes miembros de la sociedad. En el mensaje final del Sínodo al Pueblo de Dios, se dice: “No se puede pensar en una nueva evangelización sin sentirnos responsables del anuncio del Evangelio a las familias y sin ayudarles en la tarea educativa”.

 

La fiesta de la Sagrada Familia es una llamada a todas las familias para que descubran en la Familia de Nazaret las virtudes a imitar en la convivencia diaria. En María y José podrán comprobar la fidelidad y el amor incondicional a Dios a pesar de las dificultades de la vida. Que Ellos acompañen y protejan con su poderosa intercesión a todas las familias para que  sean cada día más Iglesia y para que ésta sea cada vez más familia.

 

+Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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