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La eutanasia es injusta, inmoral y antisocial – editorial Ecclesia

La eutanasia es injusta, inmoral y antisocial – editorial Ecclesia

El PSOE registró, el 3 de mayo, una proposición de ley orgánica para regular la eutanasia, que pasaría a ser un derecho constitucional. Los socialistas plantean un supuesto proceso «garantista» e informado, con una segunda opinión médica, para incluir en la cartera básica de prestaciones de la Seguridad Social la opción de solicitar y recibir el tratamiento adecuado. De este modo, el paciente podría poner fin a su vida en aquellos casos en los que se enfrente a una enfermedad incurable, con final inminente o no, que provoque padecimientos físicos o psíquicos que le resulten intolerables.

Pocas horas después del anuncio de la proposición de ley, que haría de la eutanasia un derecho (¡qué sarcasmo!), el secretario general y portavoz de la CEE escribió el siguiente mensaje en Twitter: «La proposición de ley del PSOE sobre la eutanasia es todo un monumento a la insolidaridad y al descarte humano,  que promueve un falso derecho (fake right) y un corredor de la muerte voluntario. ¡No hay derecho!».  La CEE complementó e ilustró este mensaje en Twitter con un videomensaje de su portavoz.

Por otro lado, el domingo 6 de mayo, en su alocución previa al rezo del Regina Coeli, Francisco, recordando que el cristianismo consiste en «amar con el amor de Jesucristo», exhortó a «cuidar los ancianos como un tesoro precioso y con amor, aunque creen problemas económicos y complicaciones», así como a «cuidar a los no nacidos, pues toda vida debe ser protegida y amada desde la concepción hasta su ocaso natural». Y reclamó «toda la ayuda posible a los enfermos, incluso en la fase terminal». Con similares ideas, se expresó ya el sábado 28 de abril, tras la muerte del niño británico Alfie Evans, al afirmar que «de cara al problema del sufrimiento humano es necesario saber crear sinergias entre personas e instituciones, superando los prejuicios, para cultivar la disponibilidad y el esfuerzo de todos a favor de la persona enferma».

Y es que la solución a la enfermedad, a la ancianidad y al sufrimiento no puede ser jamás la eutanasia, ni la privación de los recursos precisos de los que disponen la ciencia y la medicina para paliar sus efectos y para promover siempre el derecho supremo a la vida.

La eutanasia nace y se nutre del individualismo ateo y hedonista, en una concepción puramente inmanentista, utilitarista, eficientista, placentera, reduccionista, insolidaria y selectiva de la vida y de persona, en una falsa, cínica, contradictoria, interesada, plañidera y mal llamada compasión y en un absoluto desprecio hacia quienes sufren y luchan admirablemente contra las enfermedades. Las ideologías eutanásicas son, además, ilusorias, ciegas y desconocedoras de la verdad del hombre y de la verdad de la vida. La pretensión y la exigencia de una existencia «indolora» es una quimera. El dolor, que ha existido, existe y existirá siempre, no nos incapacita para la vida, sino que nos hace más dignos de ella. Y desde la fe cristiana, es fuente de fuerza, de gracia y de virtud.

La eutanasia es inmoral, insolidaria, injusta, egoísta y antisocial. Puede situarnos ante un espiral y abismo de intimidación y de presión moral sobre enfermos y ancianos y sobre sus familias y agentes sanitarios. La eutanasia no es un progreso, sino un retroceso. La eutanasia no libera ni es expresión y ejercicio de libertad, sino que esclaviza y corrompe la libertad verdadera. No hace la muerte más digna y dulce, sino más falaz y vacía.

Ninguna persona es jamás inútil y mucho menos el enfermo o el anciano. Toda vida merece vivirse hasta su ocaso natural porque es don de Dios, del Dios que permitió el sufrimiento salvífico y la muerte redentora de su Hijo, abriéndonos así las puertas de la Vida que no acabará. Del Dios cuya gloria es la vida del hombre, de todo hombre, máxime del que sufre y padece.

Esta nueva invectiva eutanásica debe, pues, hacernos reaccionar a todos. Ha de ser especialmente interpeladora para la entera comunidad sanitaria y científica. También para la pastoral con los enfermos, en sus distintas dimensiones y sujetos (familias, profesionales sanitarios cristianos, parroquias, voluntarios).  Asimismo ha de hacer recapacitar a los políticos, líderes de opinión y medios de comunicación. Esta cultura de la muerte y sus sofismas es radicalmente inhumana, pagana, nihilista y destructiva. Y, por todo ello, es rechazada por la ley natural, la ley cristiana y la recta conciencia.

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