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La estrella de la que nace el sol

El día 8 de septiembre la Iglesia celebra el nacimiento de María, a los nueve meses de la celebración de su Concepción Inmaculada.

Este momento de su existencia no figura en los evangelios canónicos, aunque habría de encontrar un eco en los evangelios apócrifos, que atribuyen su paternidad a Joaquín y Ana. El lugar del nacimiento de María se suele situar en el solar que ahora ocupa la iglesia cruzada de Santa Ana, en Jerusalén.

Es notable la atención que han prestado al nacimiento de María los artistas, como el Giotto con el fresco en la Capilla de los Scrovegni, de Padua, o Pedro Berruguete con la pintura que se conserva en el Museo Diocesano de Palencia. El mismo motivo fue elegido por Juan Pantoja, Luis de Morales y José Leonardo en los cuadros que se pueden ver en el Museo del Prado.

A esta conmemoración del nacimiento de María tampoco han querido estar ausentes los poetas. Lope de Vega apunta a los astros del cielo, que en el día del nacimiento de María debieron de volver la vista con asombro hacia esta tierra: «Hoy acá en el suelo / se formó una estrella / que nació un sol della / mejor que el del cielo».

Según el mismo Lope de Vega, la que llega a este mundo es tan solo una niña, pero es preciso tratarla con el respeto que merece, en razón de lo que ha de ser algún día: «Canten hoy, pues nacéis vos, / los ángeles, gran Señora / y ensáyense desde ahora / para cuando nazca Dios…/ Pues de aquí a catorce años, / que en hora buena cumpláis, / verán el bien que nos dais, / remedio de tantos daños».

En un sermón predicado en este día de la Natividad de María, san Juan de Ávila expone tres condiciones del alba, por las que se puede afirmar que María se parece al amanecer:

  • En primer lugar, al igual que el alba anuncia y es madre del sol, también se puede decir que María es mensajera y madre del luciente sol de justicia, que es Jesucristo, Nuestro Redentor.
  • Así como el alba deja el rocío en el campo, humedece la tierra, templa el calor y conserva el frescor de las plantas, así María deja caer el bendito rocío, que humedece nuestra sequedad y ayuda a nuestras almas a dar los frutos esperados.
  • Es evidente que el alba es enemiga de las tinieblas. También en ello puede ser imagen de María, que, aun siendo tan misericordiosa, aborrece nuestros pecados sobre todas las cosas.

La Natividad de María da origen a la celebración de numerosas advocaciones marianas. En este misterio de gracia y de elección el pueblo ha descubierto la promesa de la humanidad reconciliada con el Dios que es fuente de vida y de esperanza.

A la imagen de la Niña María el pueblo de Dios ha mirado siempre con ojos de nostalgia. Ella es una pauta luminosa de sueños y utopías para todo buen creyente. El nacimiento de la Virgen María nos ofrece ya el modelo para un mundo renacido en la esperanza. El modelo para una cultura no imposible de la vida y la armonía.



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